Archivo de 2004

183 síes –entre ellos el nuestro- invistieron ayer a José Luis Rodríguez Zapatero como Presidente del Gobierno de España. Para los recién llegados, entonar un simple sí en el hemiciclo no es tan fácil como puede parecer a primera vista. De hecho, necesita de una buena dosis de concentración, para que los nervios no le jueguen a uno una mala pasada. 

La elección de Rodríguez Zapatero abre una nueva etapa en nuestra democracia. La hemos vivido con emoción respirando una atmósfera que, en algunos momentos, se imponía a los discursos. Comprobamos, en directo, que tenemos a un magnífico parlamentario como Presidente. Y guardamos un recuerdo para quienes le precedieron en las filas del partido socialista: Felipe González, Largo Caballero y el injustamente tratado –también por nosotros- Juan Negrín. 

Sagasta, que en diversas ocasiones asumió esta responsabilidad, fue un firme partidario de no “sacrificar lo posible en el altar de lo irrealizable.” Sin sacrificar en ningún momento lo posible en ningún altar, nos gustaría pensar que durante esta legislatura recién estrenada,alguna de las  metas que hoy nos parecen francamente inasequibles, puedan hacerse realidad.

Besteiro escribió estas líneas en el ecuador entre la monarquía y la II República: “Algunos exploradores africanos cuentan haber visto, en las selvas, elefantes que permanecen en pie después de muertos, sostenidos por el enorme peso de su mole: la monarquía española es uno de esos elefantes.”

 La hipótesis de que los atentados del 11-M fueron obra de ETA se ha demostrado, a lo largo de esta semana, como un elefante a los que hizo referencia  Besteiro: pese a su apariencia, no tenía vida.

 Por desgracia, existen temibles elefantes que nos acechan. Estos están vivos y encolerizados y se sostienen sobre el enorme peso del odio hacia todo aquel que no piensa como ellos.

Aterrizamos en Madrid. Y la verdad es que lo hacemos en mejores condiciones que Víctor Balaguer. El apóstol de la “monarquía federal” pasó su primera noche en Madrid durmiendo al raso en la Plaza de Oriente. Era un joven y romántico Balaguer que iniciaba su aventura madrileña. Ciertamente, no es nuestro caso. Pero, como humilde homenaje, en nuestro paseo por el barrio de las letras nos detenemos ante el portal número 3 de la Calle de la Victoria,  donde él vivió –ya bajo techo-. Y le lanzamos un saludo.

Superados con éxito los trámites administrativos para alcanzar la condición de diputado, el pasado jueves asistimos a la reunión constitutiva del Grupo Parlamentario Socialista. La reunión se desarrolló en un clima, mezcla de emoción (especialmente entre los nuevos) y de responsabilidad. Rodríguez Zapatero se comprometió a que el Parlamento “recupere su papel central en la vida política” y nos pidió a los diputados y senadores socialistas que seamos “los ojos, los oídos y el corazón de la gente.”

Ayer, en la  sesión constitutiva de las Cortes de la VII Legislatura, prometimos y adquirimos la condición de diputado. “La política –escribió Max Weber-, se hace con la cabeza, no con otra parte del cuerpo o del alma. Y sin embargo, la entrega a la política, si no quiere ser un frívolo juego intelectual, sino una acción auténticamente humana, sólo puede nacer y alimentarse de la pasión”. Pues eso: cabeza, pasión…y esfuerzo.

Los primeros pasos de la nueva legislatura los damos en medio del dolor de los atentados del 11-M. Es imposible construir el futuro sin estar a la altura del más terrorífico de nuestro pasado.

El pasado miércoles tuvo lugar el funeral por las víctimas en la Catedral de la Almudena. Lo seguimos por televisión. Los Reyes y el resto de la familia real dieron su apoyo, uno por uno, a los más de 500 familiares de las víctimas. Se abrazaron y compartieron lágrimas con ellos. El Presidente de Francia, Jacques Chicac, el de Portugal, Jorge Sampaio, el canciller alemán, Gerhard Schröder, el primer ministro británico, Tony Blair, y el Presidente de Italia , Carlo Azeglio Ciampi, entre muchos otros, compartieron con nosotros sufrimiento y consternación.

Leemos en la crónica de La Vanguardia del día siguiente que en medio del silencio un hombre levantó la voz para espetarle al todavía Presidente del Gobierno: “Señor Aznar, le hago responsable de la muerte de mi hijo.” El dolor de un padre que pierde a su hijo no puede ser analizado con criterios de acierto, equivocación o oportunidad. Pero, por esta misma razón cobra relevancia que Pasqual Maragall se acercara a José María Aznar para decirle que era injusto que le responsabilizaran del atentado y para transmitirle su solidaridad. Horas más tarde en el Parlament afirmó: “Lo digo porque quiero que quede bien clara esta cuestión de quién es o no es culpable de lo que ha sucedido, ya que ha hablado lo que yo entiendo que es el nuevo terrorismo y la dificultad que representa luchar contra él.” Este es el gesto de Pasqual Maragall: el gesto que nos indica el camino por el que debemos transitar.

10.853.024 ciudadanos nos otorgaron su confianza el pasado domingo. Ha sido una victoria socialista que llevará a José Luis Rodríguez Zapatero hasta la Presidencia del Gobierno. En Catalunya el PSC ha alcanzado 1.577.330 votos y 21 diputados, un resultado que nos acerca al de 1982. Pero la jornada electoral y sus días posteriores han sido -y deben seguir siendo con el concurso de todos- una victoria democrática de nuestro pueblo sobre el terror. Una lección de fortaleza ante los enemigos de la libertad.

Reconocemos una cierta obsesión por las cifras después de las elecciones. Una obsesión que se limita al número de votos y que no se extiende a porcentajes o sesudos análisis. Esta propensión en alguien tan alejado de las ciencias exactas como nosotros tiene una explicación: detrás de cada voto vemos al ciudadano concreto depositando su papeleta en la urna. Y esta imagen de la “democracia en funcionamiento” siempre ha tenido para nosotros un halo de misterio al que nos acercamos desde una respetuosa alegría.

Huyendo de la vorágine nos refugiamos en la lectura de “La vida de Chéjov” de Irene Nemirovsky. ¡Una joya! Chéjov a través de la prosa y la sensibilidad de Nemirovsky se nos aparece con una intensidad que llega al dolor. En sus apenas 180 páginas dos grandes almas rusas se funden ante nuestros ojos.

Nos permitimos trasladar aquí uno solo de sus diamantes. Nemirovsky valora de forma negativa  la obra chejoviana demasiado influida por Tolstoi. Y lo justifica por su radical diferencia: “ Tolstoi está colmado de pasión, de empecinamiento sublime; Chéjov es escéptico y está desapegado de todo. Uno quema como una llama: el otro ilumina el mundo con una luz fría y dulce”. Hay frases que justifican un libro… Y hay libros que no tienen tres líneas donde agarrarse.

Han pasado dos días desde la tragedia. Y lo que nos rodea, todavía hoy, no es nada más que el vacío. Se han sucedido los acontecimientos. Ayer participamos en una de las mayores manifestaciones de la historia por las calles de Barcelona. Hemos ocupado nuestro tiempo con acciones mecánicas, incapaces de llenar el vacío en el que nos han dejado los 200 muertos y los cientos de heridos que ha causado el criminal atentado de Atocha.

¿Jornada de reflexión? Sin duda. Pero no de reflexión electoral. Nuestra democracia pasará mañana una de esas pruebas definitivas; uno de esos momentos en los que se demuestra la madurez de un pueblo ante la tragedia. Hoy, nuestro único consuelo, es que más allá de las divisiones que atraviesan nuestro pueblo, ayer millones de españoles salimos a las calles para reivindicar a los muertos y a los heridos. Pero sobre todo, salimos a la calle para reivindicarnos a nosotros, como hombres y mujeres libres que no vamos a resignarnos ante nuevas o viejas tiranías. Esta determinación es la única que con el paso del tiempo puede acabar llenando, lentamente, el vacío que aprisiona nuestras mentes y corazones.

Día después del debate de los cabezas de lista en TV3. Los debates televisivos se han convertido en las metas volantes de las competiciones electorales. Nuestro objetivo era que el debate no supusiera ninguna interferencia o novedad en al evolución de nuestra campaña (que avanza según lo previsto) ni en el conjunto de la contienda electoral. El objetivo se ha cumplido, Estamos satisfechos.

Sagasta afirmó en alguna ocasión que “En política no se puede hacer siempre lo que se quiere, ni siempre es conveniente hacer lo más justo. Sobre todo, los actos políticos son buenos o malos, no tanto por su esencia como su oportunidad con que se llevan a cabo.” Coincidimos sólo en parte con el caudillo liberal. Es evidente que en política –como en la vida- no se puede hacer siempre lo que se quiere. Pero los actos políticos no pueden medirse sólo por su oportunidad. Winston Churchill también sostuvo, con acierto que “el tiempo es más importante en política que en gramática.” Pero el gran estadista británico lo fue porque estuvo a la altura en aquello que era esencial, más allá de las coyunturas: su oposición al nazismo cuando muchos preferían ignorarlo o mirar hacia otro lado; y su firmeza en la guerra hasta la victoria sobre Hitler. Su oposición al nazismo no fue “oportuna” para muchos de sus correligionarios conservadores a lo largo de los años treinta. Pero, preciosamente, esa inoportunidad, le cargó después de fuerza y legitimidad para liderar a su pueblo en uno de los momentos más difíciles de la historia de la humanidad.

En cualquier caso,  nuestros adversarios han perdido la oportunidad de mover el tablero electoral en el debate televisivo de ayer. Y nos congratulamos de ello.

La campaña electoral empezó formalmente el pasado jueves a las 24 horas. Formalmente para algunos que llevamos meses navegando por sus aguas. No hay dos campañas iguales por la simple razón de que no hay dos momentos iguales.

La que nos ocupa la estamos pasando sin salir de nuestro camarote rodeado de papeles y ante un ordenador convertido en una extensión de nuestro cuerpo. Tras la ventana, el invierno en todo su esplendor.

Es, precisamente, la fugacidad de estas experiencias electorales la que nos impele a respetar ciertas tradiciones, con el vano deseo de fijar y dar sentido –por precario que sea- a una sucesión desordenada e inexplicable de acontecimientos. “El hombre tranquilo” de John Ford es la película del día “D” desde que Josep María Sala dirigió las primeras campañas del PSC. Y lo sigue siendo porque no existe mejor manera de pasar las horas previas al escrutinio que en compañía de John Wayne, Maureen O’Hara y (nuestro favorito) Víctor McLaglen en Inisfree. Nosotros hemos añadido una lectura que nos acompañe y aleje –en la medida de lo posible- “del electoral ruido”. En esta ocasión nos hemos decidido por “Berlín Alexanderplatz” de Alfred Döblin. Y en eso estamos: acompañando a Franz Biberkopf por las entrañas del Berlín.

El martes pasado José Montilla presentó la campaña del PSC para las próximas elecciones generales:“Si guanya Zapatero, guanya Catalunya”. Toda campaña electoral consiste en un extenuante ejercicio de simplificación. Lamentablemente, el matiz, el razonamiento con un mínimo de complejidad o una duda sincera no tienen cabida. Todos ellos son posibles flancos que el adversario utilizaría sin ningún tipo de escrúpulos.  ¿Podría ser de otra manera? No lo sabemos. Pero habría que tener más valentía que un espartano al lado de Leónidas en las Termópilas para lanzarse en solitario a esta aventura. No es nuestro caso.

Siendo las cosas como son, el lema de nuestra campaña es directo, claro…y cierto. El próximo presidente del Gobierno será Rajoy o Zapatero (Las últimas encuestas, por cierto, apuntan un estancamiento del PP y un avance socialista). Rajoy es heredero y protagonista de una legislatura en la que se ha querido construir una visión de España alejada de su pluralidad y negadora de la realidad catalana. Zapatero representa una concepción de España en la que su pluralidad no es vista como una amenaza, sino como un activo; no algo que hay que esconder o de lo que hay que avergonzarse; sino algo de lo que nos sentimos orgullosos y que podemos exhibir ante el mundo. ¿Y CiU? Irrelevante. Además, después de haber consolidado a Aznar a partir del 1996, no hace falta perder mucho tiempo para argumentar que la derecha catalana, siempre que puede suma con la derecha española. Vamos, como en los tiempos de Cambó, pero sin su grandeza…

¿Por qué Eça de Queiroz? Tal vez sea una pregunta de las que no tiene respuesta. Y una pregunta que no tiene respuesta pierde su condición de pregunta. Y sin embrago la pregunta aparece, traicionera, mientras ojeamos la primera edición de Los Mayas que cayó en nuestras manos: la que nos abrió las puertas al universo queirosiano. ¿Por qué Eça de Queiroz? Nos habíamos alejado temporalmente de la narrativa latinoamericana para adentrarnos con pasión en la novela europea del XIX. Habíamos deborado a todo autor ruso y francés  que salía  a nuestro encuentro. Habíamos hecho alguna incursión en las Islas Británicas. Habíamos entrado en el XIX hispánico por donde se debe entrar: Benito Pérez Galdós y Pío Baroja (Que Baroja haya publicado su primera obra en 1900 no impide que sea una de las grandes avenidas literarias para conocer nuestro siglo XIX) Y habíamos alcanzado su cima con Leopoldo Alas “Clarín”. Y sin embargo llegamos a Eça de Quieroz…y desde entonces, es allí donde irremediablemente volvemos.

“Sobre la vigorosa desnudez de la verdad, el diáfano manto de la fantasía” escribió Eça de Queiroz. Nuestra fidelidad al autor lusitano tal vez no sea nada más que una fidelidad a nuestra juventud. O tal vez no. Tal vez su estilo: un realismo evocador, una prosa acariciante, una ironía aparentemente dulce, pero de una eficacia letal. Y sobre todo – y, por encima de todo- los personajes, tratados con la benevolencia con la que un padre comprende y perdona hasta al hijo más descarriado. Y Lisboa. Y Portugal…

Facebook



Buscar
Archivos

Se encuentra usted en los archivos del blog Blog de Daniel Fernández para el año 2004.

  • [+]2012 (57)
  • [+]2011 (150)
  • [+]2010 (73)
  • [+]2009 (51)
  • [+]2008 (53)
  • [+]2007 (49)
  • [+]2006 (48)
  • [+]2005 (18)
  • [+]2004 (12)


A FAVOR DE ESPAÑA Y DEL CATALANISMO

A FAVOR D'ESPANYA I DEL CATALNISME


Contador de estadsticas - Blog Daniel Fernndez