Archivo de 2007

Aprofitem aquests dies nadalencs per a llegir “Catalanisme federalista” de Miquel Iceta, editat per la Fundació Rafael Campalans. La il·lustració de la coberta del llibre és una vinyeta de “l’Auca del noi català, antifeixista i humà” de Josep Obiols, reproduïda en un cartell editat pel PSC amb motiu de la Diada de l’Onze de Setembre de 1982. A nosaltres, la imatge del noi amb un semblant alhora seriós i decidit, fent onejar la senyera als vents de la llibertat, el progrés, la cultura… ens sembla d’allò més suggeridora. Ens fa reviure –a la manera proustiana- la força d’un catalanisme progressista i mediterrani, en un moment en el qual l’entorn del senyor Mas predica un catalanisme d’escola de negocis nordamericana perfumat de soberanisme.

El llibre de Miquel Iceta és especialment recomanable per a tots aquells que estan profundament i sincera “preocupats” per la manca de projecte propi per a Catalunya dels socialistes catalans. Després de la seva lectura es fa honestament difícil de mantenir aquesta tesi. En paraules de l’autor, els socialistes volem “aconseguir que el catalanisme sigui atractiu per a la immensa majoria, que esdevingui un sentiment cívic àmpliament compartit”. En definitiva, “fabricar” més catalanistes i no encaparrar-se en convertir als nacionalistes en soberanistes. Volen més concreció? Iceta ho va afirmar clar i català al Parlament: “L’Estatut del 2006 és el nostre horitzó nacional per a molt de temps.” Tenim aliats a Espanya per a tirar endavant el projecte federal? Sí. Hem conegut més d’un federalista hispànic que desconeixia la seva condició. Així, al costat del catòlic hispànic no practicant, hi podem col·locar el practicant federalista, fins i tot nominalment antifederal.

Se acabó. El Presidente del Congreso levantó el pasado jueves la sesión del último Pleno de la VIII Legislatura. En el mismo, los votos de los 21 diputados del PSC fueron decisivos para aprobar los Presupuestos Generales del Estado para el 2008: los mejores en inversión social y en infraestructuras de nuestra historia.

Madrid nos despedía lluviosa y con ese frío cálido que –uno no sabe bien porqué- tiene efectos regeneradores. Nosotros, para corresponder a la villa y Corte que tan amablemente nos ha soportado durante cuatro años decidimos despedirnos de ella con un café como Dios manda. Subimos por San Jerónimo –y tras sortear la turronense cola de Casa Mira- doblamos por Echegaray y alcanzamos la meta de un café de la calle Prado. Al segundo sorbo en la barra aparece una peña de periodistas radiofónicos, encabezados por Pepe Domingo Castaño y acompañados por cuatro mariachis. Méjico nos ha invadido, musicalmente hablando. Y como cualquier resistencia se nos antoja baldía, decidimos unirnos sobriamente al grupo. Pepe Domingo Castaño se arranca a cantar. Aplaudimos con convicción. Se empeña en incluir el café en su ronda. Aceptamos con mucho gusto, siempre que se nos permita hacer una aportación económica a los mariachis a través del sombrero habilitado a tal efecto. Hay acuerdo.

Mientras volvíamos por Echagaray no pudimos evitar pensar –gajes del oficio que sabrán disculparnos- que, de alguna manera, los diputados de CiU, encabezados por el señor Duran, también habían actuado como mariachis del PP en el último debate presupuestario de la legislatura. Eso sí, sin el sentido del ritmo y la alegría que contagiaban los mariachis de Pepe Domingo Castaño. Viva Méjico en pleno barrio de Las Letras de Madrid!

Recibimos la noticia de la firma del Tratado de Lisboa con satisfacción. Culmina un largo y difícil proceso de prácticamente siete años que había embarrancado en los resultados negativos de los referéndums de Francia y Holanda del 2005. Más allá de las visicitudes, que no han sido pocas, el Tratado de Lisboa mantiene buena parte de la ambición y de los objetivos de la Constitución Europea refrendada en nuestro país: presidencia estable del Consejo Europeo, aumento del poder democrático del Parlamento, reducción de las dimensiones de la Comisión, aumento de las competencias de la Unión Europea…

Con todo, tal y como ha recordado el eurodiputado Raimon Obiols: “los resultados positivos del Tratado de Lisboa deberían hacer reflexionar a los sectores minoritarios de la izquierda europea que propusieron el no a la Constitución afirmado que así se conseguiría un cambio más importante.” Y es que aunque el nuevo Tratado supone un avance positivo, la Constitución suponía un avance todavía mayor.

Siempre nos quedará el consuelo de que la Europa del siglo XXI haya nacido, un 13 de diciembre de 2007, en la Lisboa de Eça de Queiroz. Que ese nacimiento haya acontecido en el claustro del Monasterio de los Jerónimos de Santa María de Belém, -levantado por Manuel I para conmemorar el afortunado regreso de la India de Vasco de Gama- nos parece una decisión especialmente acertada: 500 años después que unos europeos iniciaran la travesía de la globalización, otros europeos han rubricado un Tratado, a orillas del Tajo, que nos permite aspirar a existir, como ciudadanos, en el mundo global. Un mundo en el que, o existimos como europeos, o simplemente no existimos. Aunque algunos no nos resignemos a dejar de ser ibéricos…

Sucre concentra durante los últimos días todas las contradicciones y tensiones bolivianas. La policía está ausente de sus calles, mientras los ciudadanos reclaman su vuelta. Su comandante, Miguel Vásquez ha declarado que sus hombre no saldrán a la calle sin que le sean devueltas sus armas “cobardemente robadas”, llegando a proponer una colecta pública para adquirir nuevo material. Y el no va más. De los 160 presos que se encontraban cumpliendo sus penas en la cárcel de Sucre, 130 ya se han fugado a través de sus puertas abiertas. Pero unos 30 reclusos que han optado por no abandonar el penal exigen –y, ciertamente no les falta razón- que los policías vuelvan a vigilarles!

Analizar la compleja realidad de otro país es una tarea que requiere no sólo información, sino también altas dosis de humildad y prudencia. Por desgracia, en el nuestro abundan los expertos en solucionar en un plis-plas los problemas de los otros. Nosotros, que hemos acabado teniendo una relación familiar con el pueblo boliviano, preferimos mantenernos atentos a lo que allá va sucediendo y dispuestos a echar una mano en aquello que esté a nuestro alcance. Nos permitimos un único consejo, nacido de nuestra propia trágica historia: de la semilla de la imposición nunca nace el fruto de la prosperidad estable.

No nos resignamos a apuntarnos a las filas de los pesimistas profesionales respecto al futuro de Bolivia. Sin rebajar ni un ápice la gravedad de la situación, estamos convencidos de que el pueblo boliviano sabrá encontrar espacios para el acuerdo. Y que, acontecimientos como el que comenzaba esta columna no pasarán a engrosar las filas, ya de por sí demasiado abundantes, del realismo trágico de nuestra querida América.

Raúl Centeno, un guardia civil de 24 años, fue asesinado ayer por los terroristas de ETA cuando realizaba su arriesgada labor en defensa de nuestra libertad y seguridad en el sur de Francia. Su compañero, Francisco Trapero, de 23 años, se encuentra, entre la vida y la muerte, en un estado de coma cerebral. ETA ha vuelto a matar. Y ante este nuevo asesinato, no existe ningún argumento, ninguna excusa, ninguna razón honesta para abstenerse o entorpecer la unidad de los demócratas para combatir y derrotar al terror. La reunión y la declaración conjunta de todos los grupos políticos, sindicatos y organizaciones empresariales realizada por la tarde en el Congreso nos indica el camino a seguir.

A la misma hora una masiva manifestación recorría las calles de Barcelona. En ella confluían desde un legítimo hartazgo como consecuencia del caos ferroviario que hemos padecido, hasta una legítima expresión política independentista –amablemente presentada como soberanista o maquillada a través del cosmético “derecho a decidir”-, pasando por la legítima movilización de intereses de partido a pocos meses de una elecciones.

Aspiramos a vivir en un país (España) donde todo ciudadano pueda expresar en libertad sus opiniones sin temor a ser insultado, perseguido, humillado, amenazado, extorsionado, secuestrado o asesinado. Un país sin los asesinos de ETA. Pero también aspiramos a vivir en un país (Cataluña) en el que quienes convocan, organizan y están al frente de una masiva manifestación tengan la sensibilidad, la humanidad y el sentido de la justicia de introducir una mención a quienes, como Raúl Centeno y Francisco Trapero, arriesgan sus vidas para que todos podamos vivir y manifestarnos libremente.

Una sociedad, un país, avanza si es capaz de concebir un proyecto de futuro atractivo, ambicioso: un horizonte capaz de sumar la voluntad y el esfuerzo de la mayoría de quienes lo componen. Pero, no es menos cierto que el presente y futuro de toda sociedad tiende a ser más despejado cuantas menos heridas del pasado se mantengan abiertas.

Desde 1979 la democracia había establecido numerosas medidas orientadas a dar respuesta a quienes sufrieron persecución o violencia durante la guerra civil y la dictadura: reconocimiento a militares y a militares no profesionales republicanos, indemnizaciones por estancia en prisión… Pero, todavía hoy, quedaban causas de justicia pendientes: compatriotas que tienen familiares en fosas comunes, víctimas del tardofranquismo. colectivos que sufrieron prisión en la postguerra, condenados en procesos sumarios y por tribunales especiales…

¿Por qué? Porque la generación de la transición dio respuesta a aquello que podía tenerla en aquella coyuntura histórica –los pueblos se plantean en cada momento aquello que están capacitados para resolver-, pero en no pocas ocasiones, el afán de construir el futuro sin las trabas que en aquel momento hubiera supuesto detenerse a compartir el pasado, acabó confundiendo perdón con olvido.

La transición fue un éxito colectivo del pueblo español. Pero dicho éxito no puede ser la excusa para negarse a dar respuesta a las causas justas todavía pendientes, (como pretenden algunos dirigentes e intelectuales orgánicos del PP para los que la historia de España empieza con la transición), ni (como afirma ERC) las causas justas pendientes pueden ser utilizadas para cuestionar la obra común de la transición.

¿Podía el año que viene la sociedad española conmemorar el 30º aniversario de la Constitución sin dar respuesta a un conjunto de causas justas hijas de la Guerra Civil y la Dictadura que no la habían tenido a lo largo del período más afortunado de nuestra historia? Rotundamente, no.
La conocida como Ley de la Memoria Histórica, que se encuentra actualmente tramitándose en el Senado, es una verdadera Ley de Víctimas de la Guerra Civil y la Dictadura. De todas las víctimas que sufrieron persecución por motivos políticos, ideológicos o religiosos.
La Ley reconoce y declara la ilegitimidad de lo tribunales y jurados que practicaron la represión, así como sus condenas y sanciones, Establece una declaración personal de reparación y rehabilitación que constituye un derecho de los perjudicados. Mejora prestaciones, así como su tributación. Implica a las Administraciones en la localización e identificación de víctimas; Reconoce las asociaciones de víctimas. Crea un centro documental de la memoria histórica. Adopta medidas para la retirada de símbolos de exaltación de la Guerra Civil y la Dictadura. Despolitiza el Valle de los Caídos. Amplia la posibilidad de adquisición de la nacionalidad española a los nietos de quienes tuvieron qua abandonar España como consecuencia de la Guerra Civil y la Dictadura…

Lamentablemente, la ley no ha alcanzado la deseada unanimidad –PPy ERC la rechazan por razones diametralmente opuestas-. Pero, pese a los esfuerzos de algunos, la madura sociedad española la ha debatido con normalidad, sin artificiales dramatismos. Ciertamente, no hemos alcanzado una mirada común sobre nuestro pasado (un objetivo que algunos no estamos dispuestos a abandonar) Pero hemos hecho justicia rescatando del olvido a unos compatriotas con los que la sociedad española tenía una deuda pendiente. Treinta años después.

Article publicat avui al diari Expansión

El President Pujol ens ha informat, a través de la seva pàgina web, d’un incident sofert per uns amics seus a Madrid: un taxista els va obligar a sortir del taxi per parlar en català a través del seu telèfon mòbil. Evidentment, no posem en dubte la veracitat de l’anècdota. Fins i tot en coneixem alguna d’altra de similar que, sense arribar a aquest extrem, també ha estat relacionada amb el servei de taxí de la capital. Tanmateix, no podem abstenir-nos de donar a conèixer la nostra humil experiència com a usuaris del taxi a Madrid: hem parlat per mòbil en català desenes de vegades. Fins i tot hem parlat en català amb d’altres compatriotes, tot compartint un mateix taxi!. Cap problema. Mai una mala paraula. Com a molt, en identificar-nos com a catalans, algun intercanvi d’opinions, sempre correcte, sobre el Barça o –ara fa un any- sobre l’Estatut.

Com a clients habituals del servei de taxi –a Madrid i Barcelona- ens veiem en l’obligació de demanar que els taxistes (que treballen entre 10 i 12 hores diàries, sis dies a la setmana per a guanyar-se la vida) siguin tractats amb un mínim de ponderació i respecte, més enllà d’incidents concrets protagonitzats per algun energumen que serveixen per alimentar tòpics. Nosaltres en fem una valoració francament positiva del funcionament del servei de taxi a Barcelona i a Madrid. I considerem injust magnificar un incident determinat per a elevar-lo a la categoria de reflexió política. Els responsables del clima anticatalà –i no únicament anticatalanista- que hem respirat durant aquests anys tenen noms, cognoms, sigles partidàries i d’emissores radiofòniques, així com a capçaleres periodístiques. Uns responsables que, de vegades, han contat amb la inestimable ajuda d’errors indígenes.

Dimecres passat l’Audiència Nacional va dictar sentència sobre els atemptats de l’11-M de Madrid. Va condemnar a penes màximes els principals acusats Jamai Zougam, Otman El Gnacui i José Emilio Suárez Trashorras, absolent Rabel Osman El Sayed, “Mohamed El Egipcio” i a d’altres set encausats. La sentència que ha castigat els assassins i els seus còmplices no pot omplir l’absència que pateixen els familiars i amics de les víctimes, però fixa la veritat dels fets i la responsabilitat dels autors, el que contribueix a alleugerir el seu sofriment.

Tenim el dret a sentir un cert –i sempre moderat- orgull de formar part d’una societat que, més enllà dels seus problemes, les seves injustícies i els seus estèrils enfrontaments, és capaç d’afrontar un judici de la magnitud del de l’11-M amb el rigor, el respecta a la llei, a la seguretat jurídica i a la preservació dels drets de tots, sense exclusions. El comportament de les forces i cossos de seguretat, jutges, fiscals i del personal de l’Administració de Justícia ha estat exemplar, reforçant la confiança dels ciutadans en la llei i, en definitiva, en l’Estat de Dret, una de les fites civilitzadores més importants –i fràgils- que hem assolit els éssers humans.

La sentència confirma que la matança de l’11-M va ser obra d’una cèl·lula islamista, que mai es va trencar la custodia de les proves, que la dinamita procedia de la mina Conchita i que ETA no va tenir res a veure amb els atemptats. Durant els darrers quatre anys no ha estat aquesta la tesi defensada per un rellevant diari madrileny, per una emissora radiofònica que practica l’evangeli de l’odi i per un partit polític que aspira a tornar al Govern per a convertir la seva mentida en veritat oficial. Massa tard.

“Sólo cuando se ha perdido toda curiosidad hacia el futuro se ha alcanzado la edad de escribir una autobiografía”. Al hilo del debate entorno a la denominada memoria histórica, uno tiene el atrevimiento de matizar esta afortunada afirmación de Evelyn Waugh. El momento autobiográfico requiere, además, una cierto sosiego al asumir un pasado siempre contradictorio. Y, a diferencia de las personas, en el caso de los colectivos humanos la mirada tranquila, pero completa, sobre su pasado no sólo no tiene nada que ver con la falta de curiosidad hacia el futuro, sino que constituye un elemento clave para asegurar el éxito en el porvenir.

La sociedad española no podía permitirse conmemorar el 30º aniversario de la Constitución sin dar respuesta a un conjunto de causas justas hijas de la Guerra Civil y la Dictadura que no la habían tenido a lo largo del período más afortunado de nuestra historia.

La Ley que aprobó el Congreso el pasado miércoles es una verdadera Ley de Víctimas de la Guerra Civil y la Dictadura. De todas las víctimas que sufrieron persecución por motivos políticos, ideológicos o religiosos. Tal y como se establece en su exposición de motivos –que algunos se obstinan en no leer-: “no es tarea del legislador implantar una determinada memoria colectiva”. La ley no lo hace. Pero, sin excluir a nadie, tiene como objetivo principal reconocer y recuperar la memoria de quienes padecieron persecución, violencia –y en no pocos casos perdieron la vida- defendiendo la legalidad republicana durante la Guerra Civil y la “larga noche de piedra” de la Dictadura. La ley contribuye a diluir la trágica línea divisoria entre los muertos de unos y los muertos de los otros, en la medida en que todos los muertos y todas las injusticias seamos capaces de sentirlas como nuestras. Ésta es la mirada compartida sobre nuestro pasado con la que estamos comprometidos los socialistas. Pero esta mirada compartida, que transforma la memoria en porvenir es algo que no le podemos exigir a la ley. Depende, única y exclusivamente, de cada uno de nosotros.

Article publicat a La Vanguardia el 4 de novembre de 2007

Avui té lloc al Vaticà la beatificació de 498 víctimes religioses durant la Guerra Civil. Entre els beatificats es troba Juan Duarte, un seminarista malagueny de 24 anys –encara adolescent a les fotografies-que estava passant les vacances de 1936 al seu poble, Yunquera. Va ser segrestat a casa seva per un grup de milicians republicans que li van arrabassar brutalment la vida

“Únicament quan s’ha perdut tota curiositat vers el futur, s’ha assolit l’edat d’escriure una autobiografia” sostenia Evelyn Waugh. Aquesta afirmació, que sempre ens ha semblat prou encertada, ens atreviríem a matisar-la avui, en ple debat sobre l’anomenada memòria històrica. El moment autobiogràfic requereix, a més de la pèrdua de curiositat respecte el futur, una certa capacitat per a mirar assossegadament el passat, per a assumir-lo ponderadament amb totes les seves contradiccions. I, encara podríem estirar més d’aquest fil. Els pobles també necessiten escriure les seves autobiografies des d’una mirada compartida i tranquil·la del seu passat. Però, en el seu cas, no com a conseqüència de la manca de passió pel futur, sinó per la raó radicalment contrària: per a garantir un projecte de futur engrescador i ambiciós que no exclogui ningú. La presència de José Andrés Torres Mora -cosí nét de Juan Duarte i ponent socialista de l’anomenada Llei de la Memòria Històrica-, avui a Roma, 71 anys després del salvatge assassinat del jove seminarista a mans d’un escamot esquerrà, ens fa mirar amb esperança el nostre futur, en la mesura que desapareix la línia divisòria entre els morts del uns i els morts dels altres. En la mesura en que tots els morts, tots els sofriments i totes les injustícies les sentim com a nostres.

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