Archivo de febrero de 2008

El azar –esa manera laica de referirse a la diosa fortuna- hizo que el primer día de vida de la alta velocidad ferroviaria entre Barcelona y Madrid lo viviéramos desde Mataró, a donde habíamos ido a realizar una entrevista electoral para la televisión local.

El 28 de octubre de 1848 circuló entre Barcelona y Mataró, a la entonces nada despreciable velocidad de 30 km/h, el primer tren español en territorio peninsular. El primer tren que había circulado por territorio español lo había hecho en 1837 entre La Habana y Bejucal (Cuba), con el fin de transportar caña de azúcar. En ambos casos tuvo un papel protagonista Miquel Biada i Bunyol, un mataronés que, como otros catalanes, hizo fortuna en Cuba, defendió el esclavismo y acabó regresando a su ciudad natal. Fue la iniciativa emprendedora de Biada y su capacidad para encontrar socios capitalistas las que hicieron realidad el sueño de unir Mataró con Barcelona por tren.

La llegada del AVE a Barcelona es una magnífica noticia para la ciudad, para su área metropolitana, en la que se encuentra Mataró, para Cataluña y para el conjunto de España. No lo es para quienes necesitan alimentar sus alicaídos proyectos nacionalistas con malas noticias, desengaños y frustraciones. La construcción del ferrocarril entre Barcelona y Mataró tuvo que sortear manifestaciones –y hasta alguna acción contra su construcción- a su paso por Badalona, Tiana y Masnou. También el AVE entre Barcelona y Madrid ha acumulado retrasos y problemas constructivos. Pero ya está aquí. Y de lo que se trata ahora es de alcanzar nuevos objetivos: la estación de la Sagrera, Girona, la frontera francesa, el corredor mediterráneo hacia Valencia. Como ustedes saben, los pesimistas siempre tienen una excusa; los optimistas siempre tenemos un proyecto.

“Cada día tiene su afán”. Esta afirmación que reiteraba con suave ironía Alfonso Perales es especialmente útil en medio de la vorágine inherente a toda campaña electoral. En ésta, en la que nos jugamos tanto –la orientación de nuestro país para los próximos cuatro años y, seguramente, para los siguientes- combatimos la ausencia de Alfonso Perales con su recuerdo.

Cada día tiene su afán. Ayer, míting en L’Hospitalet de Llobregat. Míting socialista sin aditivos ni conservantes. Más de 10.000 mentes y corazones acompañando a Celestino Corbacho, José Montilla, Felipe González, Carme Chacón y José Luis Rodríguez Zapatero en La Farga. De los que no se olvidan. Para celebrarlo, comemos con José Vicente Muñoz y su familia en el bar Córdoba, en el corazón del barrio de Pubilla Cases.

Cada día tiene su afán. Hoy, reparto de propaganda a la sombra del Arco de Triunfo de Barcelona. El día no acompaña. Aún así, improvisamos unas palabras al lado de Paco Narváez, Jordi Pedret y Isabel López. El lugar invita a recordar cómo la Exposición Universal de 1888, la primera celebrada en España, fue posible porque Rius i Taulet, un alcalde liberal progresista que creía en la ciudad, contó con el apoyo de un Gobierno encabezado por Sagasta en Madrid. 100 años después la Barcelona Olímpica soñada por Narcís Serra y hecha realidad por Pasqual Maragall fue posible con la complicidad de un Gobierno presidido por Felipe González y del que formaba parte Josep Borrell. El próximo 9 de marzo nos jugamos muchas cosas. Una no menor es si los sueños y aspiraciones de Barcelona y Cataluña encabezadas por Jordi Hereu y José Montilla seguirán contando con el respaldo de un Gobierno socialista presidido por Zapatero.

Participamos ayer en el acto de presentación oficial del Colectivo Baobab África, que agrupa a afiliados y simpatizantes del PSC de origen africano o comprometidos con el continente. La verdad es que las danzas y leyendas, el espíritu alegre y optimista que inundaba el encuentro, convirtió los discursos –incluido el nuestro- en algo afortunadamente secundario. El Baobab –que hace años convive con mi familia gracias a un cuadro de María Ceniceros- es más que un árbol del cual se puede aprovechar todo. Su sombra es un espacio privilegiado de encuentro y diálogo para muchos pueblos africanos.

En el aperitivo posterior, un compañero de Tarragona de origen africano compartió con nosotros su preocupación por la iniciativa lanzada por Rajoy esta semana: el denominado contrato de integración, que ya nos había profetizado Artur Mas en las elecciones al Parlament.

Sincerémonos: Las propuestas del PP y de CiU en materia de inmigración no tienen por objetivo responder a los desafíos originados por la inmigración recién llegada a nuestro país. No nacen para ser aplicadas; su razón de ser es exhalar un potente tufo electoral al precio que sea.

Entendámonos: Las leyes en nuestro país son iguales para todos y no se cumplen por contrato. Simplemente, se cumplen. Y si no se cumplen, deben actuar los tribunales. La inmigración ilegal debe ser rechazada y a los que viven con nosotros les aplicamos las mismas leyes, los mismos derechos y los mismos deberes que a todos los españoles, empezando por la Constitución.

Y concluyamos: Deseando que llegue el día en que el que ningún partido se atreva a afrontar la inmigración desde un cálculo meramente electoral. No lo duden, será el día de la victoria. De la victoria de todos.

XXII Escola d’Hivern del PSC. Amanecemos en una Tarragona desconocidamente gris. En la tarde de ayer hicimos de moderador de unos apasionantes “Diálogos sobre la España plural” en los que intervinieron Javier Pérez Royo, Miquel Iceta, Soledad Gallego-Díaz y Ferran Mascarell. Imposible resumir en unas líneas la complejidad del debate y los matices de cada uno de los ponentes. Con todo, nos atrevemos a subrayar, tanto la defensa que Mascarell hizo “de una catalanidad que no tiene que avergonzarse de nada” como la clase magistral de historia constitucional que nos dio Pérez Royo. Gallego-Díaz expresó su apuesta por la definición de “lo común”, aquello que nos compromete a todos por igual, e Iceta condensó en una frase. “los catalanes somos los últimos españoles”, un sentimiento que nos asalta cada vez con más frecuencia.

También ayer publicó José Álvarez Junco -al hilo de la conmemoración del Bicentenario del Dos de Mayo- un artículo titulado “La verdad histórica contra las pasiones” en el que podía leerse: “Cuando el mito versa, como en este caso, sobre la fundación de la nación, y la nación sigue siendo objeto de agria polémica, cualquier esquema innovador que pretenda introducir complejidad o matices en la comprensión de aquellos hechos, es inevitablemente percibido como un ataque contra las esencias colectivas, como una traición a la patria.” Coincidimos con el señor Álvarez Junco. Los matices y la complejidad no sólo son necesarios para acercarnos a la verdad histórica y alejarnos de las pasiones – las más altas en este terreno pueden llegar a ser más peligrosas que las más bajas-, sino que se han convertido en imprescindibles para entender el presente en el que vivimos y el futuro que apenas somos capaces de avizorar.




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