Archivo de marzo de 2008

Amanecimos en Madrid el pasado martes con motivo de la constitución del Grupo Socialista de la IX Legislatura Constitucional. Un paseo matinal por el barrio de las letras nos pareció que era una manera respetuosa, sencilla y nada onerosa de mostrar nuestro agradecimiento a una ciudad dispuesta a volvernos a acoger.
Todo está en su sitio. El conato de sonrisa de la quiosquera de la plaza Canalejas. Las obras de la Puerta del Sol. (En Barcelona unas obras similares en la Plaza Catalunya serían suficientes para diagnosticar: 1. La decadencia imparable de la ciudad; 2. La crisis del catalanismo en todas sus acepciones; 3. El ensañamiento del Gobierno de España con todo lo catalán; 4. La intrínseca incapacidad gestora de los socialistas) El “manchado” del Café del Príncipe…
Subimos por la calle del mismo nombre y desembarcamos en la plaza de Santa Ana. La inmaculada luz del amanecer se concentra en la monumental fachada del Hotel Victoria –el más taurino de Madrid, que cuenta con la fatídica hazaña de haber alojado a Manolete en la última tarde que se vistió de luces en Madrid, meses antes de morir corneado en Linares-. Bajamos por Prado, doblamos por Echegaray y cogemos San Jerónimo para entrar en el Congreso por Cedaceros. La IX Legislatura no será fácil. La iniciamos con la voluntad de consolidar los avances sociales, responder adecuadamente a la desaceleración económica y desarrollar el Estado de las Autonomías en coherencia con la nueva generación de Estatutos. Lo hacemos también con la convicción de que es necesario atraer al PP a un terreno de consenso y acuerdo en la lucha contra el terrorismo o en la política internacional. No escatimaremos esfuerzos para que el hemiciclo no vuelva a transformarse en un ruedo.

Dimecres vinent tindrà lloc l’assemblea ordinària anual de l’Ateneu Barcelonès, entitat ciutadana de la què en sóc soci. Tot i no poder assistir-hi –seré a Madrid preparant la constitució del Grup Parlamentari Socialista- llegeixo l’exhaustiva documentació que ens ha fet arribar la Junta presidida per l’energia tranquil·la de l’Oriol Bohigas.

Detinc la meva lectura en l’acta de l’Assemblea del 2007 i, concretament, en la modificació dels Estatuts de l’entitat aprovada per tal d’incloure entre els seus objectius el foment de la llengua catalana.

Transcric l’acta: “El president explica que les raons de la proposta són dues que se superposen: la primera i més immediata és que estem, pensem i creiem que l’Ateneu és realment un lloc de foment de la llengua catalana i per tant està bé de posar-ho en els estatuts. La segona raó és de caire administratiu: els socis de l’Ateneu tenen dret de deduir fins un 25% de la quota que paguen a l’entitat en la seva declaració de renda anual. Tanmateix aquest 25% podria arribar a un 40% si l’Ateneu entra a formar part d’un registre especial de la Generalitat de Catalunya per a entitats que treballen per la promoció de la llengua catalana.” (…)

A continuació, el president Bohigas, en resposta a un soci al qui li sembla “poc estètic que donem com a raó del canvi la deducció d’impostos”, subratlla que “ha donat dues raons i que la prioritària consisteix en el fet que l’entitat es dedica, efectivament, al foment de la llengua. A més, aquesta actuació aporta uns beneficis de caràcter econòmic, que no constitueixen pas la raó prioritària.” (…)

Ja ho veuen: llengua i estalvi, sentiment i utilitat. Les dues coses i per aquest ordre. Creiem que l’escena reflexa vivament i modestament allò que som. I per aquesta raó l’hem consignada.

Esta afirmación, obvia para la inmensa mayoría de nuestros conciudadanos, y combatida por otros, se nos antoja como una de las conclusiones más relevantes de lo acontecido el pasado 9 de marzo en Cataluña y, en consecuencia, en el conjunto de España.

Los resultados electorales en las cuatro circunscripciones catalanas son sobradamente conocidos: el PSC, con 1.672.777 votos (45,33%) ha obtenido 25 diputados, cifra superior a los 22 alcanzados por el resto de las fuerzas políticas. Las candidaturas socialistas son, además, las únicas que han incrementado su apoyo ciudadano. Lo han hecho en 86.029 votos (5,42%). En definitiva, el PSC le ha sacada una distancia de más de 900.000 votos a CiU y más de un millón a un PP que consolida su vocación liliputiense en Cataluña

Como todo resultado electoral, éste también es susceptible de interpretaciones contradictorias en función de los intereses de cada fuerza política. Pero, en este caso, reconocerán que se hace extremadamente difícil no compartir la que nosotros sostenemos: a saber, que los catalanes han incrementado su confianza en el proyecto socialista encabezado por José Luis Rodríguez Zapatero. Y, a sensu contrario, que los catalanes han confirmado su rechazo a la opción conservadora liderada por Mariano Rajoy (el diferencial de diputados entre el PSC y el PP ha pasado de 15 a 17). El estancamiento o la capacidad de resistencia de CiU –según sea de benévola la mirada-, el importante retroceso de ERC o la pérdida de un diputado por parte de ICV son pinceladas que acompañan al trazo principal.

¿Cómo encaja en este cuadro la conclusión que da título a este artículo? En nuestra opinión, encaja con precisión. Los catalanes con su voto mayoritario al PSC han reafirmado su voluntad de compartir y participar en un proyecto para España orientado hacia el progreso económico y social, que sea capaz de aprovechar todas las energías de su pluralidad. Han corroborado, una vez más, que la política española –que España, en definitiva-, no les es ajena.

¿Quiénes han retrocedido o fracasado? Aquellos que desde posiciones independentistas aspiran a que Cataluña y España sean dos sujetos políticos diferentes. Y aquellos –el PP- que a lo largo de estos cuatro años han optado por una política siempre anticatalanista –en ocasiones anticatalana- con el irresponsable objetivo de conseguir réditos electorales fuera de Cataluña. Si esta estrategia (que en el fondo supone separar Cataluña de España, actuando como si los votos de los catalanes no tuvieran representación en la Carrera de San Jerónimo) les ha dado algunos frutos, éstos tendrán –no lo duden- un sabor entre amargo y ácido. Porque los han obtenido a costa de cosechar una segunda derrota electoral sin paliativos en Cataluña, determinante, por segunda vez consecutiva, de una derrota en el conjunto de España.

Una de las intervenciones más redondas de Francesc Cambó en el Congreso de los Diputados, la tuvo en la sesión del 3 de julio del 1912, en pleno de debate sobre el Proyecto de Ley de Mancomunidades impulsado por Canalejas. En la misma, Cambó defendió el carácter nacional –y no de partido- del, por entonces, denominado “problema catalán”. Afirmó, y la frase alcanzó cierta notoriedad, que la cuestión catalana no era “la joroba del partido conservador”. No era un asunto que sólo concerniera a los conservadores que, liderados por Maura, habían sido los primeros en comprenderlo y en buscar soluciones por la vía del diálogo y el acuerdo. Han pasado prácticamente 100 años y, ciertamente, algunas cosas han cambiado. Los nietos de Maura no sólo no entienden Cataluña, sino que actúan en muchas ocasiones como si Cataluña no formara parte de su idea de España. Por si les sirve de algo, los catalanes les han vuelto a recordar que Cataluña es España.

Article publicat avui al diari “Expansión”

Los resultados electorales de las elecciones generales del pasado 9 de marzo en las cuatro circunscripciones catalanas son sobradamente conocidos: el PSC, con 1.672.777 votos (45,33%), ha obtenido 25 diputados, cifra superior a los 22 alcanzados por el resto de las fuerzas políticas. Las candidaturas socialistas le ha sacada una distancia de más de 900.000 votos a CiU y más de un millón a un PP que consolida su vocación liliputiense en Cataluña.

Los catalanes con su voto mayoritario al PSC han reafirmado su voluntad de compartir y participar en un proyecto para España orientado hacia el progreso económico y social, que sea capaz de aprovechar todas las energías de su pluralidad. Han corroborado, una vez más, que la política española –que España, en definitiva-, no les es ajena.

Una de las intervenciones más redondas de Francesc Cambó en el Congreso de los Diputados, la tuvo en la sesión del 3 de julio del 1912, en pleno de debate sobre el Proyecto de Ley de Mancomunidades impulsado por Canalejas. En la misma, Cambó defendió el carácter nacional –y no de partido- del, por entonces, denominado “problema catalán”. Afirmó, y la frase alcanzó cierta notoriedad, que la cuestión catalana no era “la joroba del partido conservador”. No era un asunto que sólo concerniera a los conservadores que, liderados por Maura, habían sido los primeros en comprenderlo y en buscar soluciones por la vía del diálogo y el acuerdo. Han pasado prácticamente 100 años y, ciertamente, algunas cosas han cambiado. Los nietos de Maura no sólo no entienden Cataluña, sino que actúan en muchas ocasiones como si Cataluña no formara parte de su idea de España. Por si les sirve de algo, los catalanes les han vuelto a recordar que Cataluña es España.

“A mi padre lo han asesinado por defender la libertad, la democracia y las ideas socialistas. Ha sido siempre un hombre valiente, que ha dado la cara, y los que le han matado han sido unos cobardes, cobardes han sido que no tienen cojones, pero sobre todo quiero pedir una cosa y es que el asesinato de mi padre no sea manipulado por nadie. No lo voy a tolerar, ni yo, ni mi familia, ni nadie. Yo, mi madre y todos iremos a votar.” (Palabras de Sandra Carrasco, el día después del asesinato de su padre)

¿Por qué los asesinatos de la mafia etarra siempre nos cogen por sorpresa? Somos incapaces de encontrar un respuesta razonable. Sabíamos que el riesgo era alto, que los pistoleros necesitaban demostrar que aún eran capaces de matar, aunque fuera a la víctima más indefensa…Y, sin embargo, la noticia del asesinato del exconcejal socialista de Arrasate, Isaías Carrasco, el pasado viernes, nos ha golpeado como si tratase de la primera vez. ¿Vale la pena reiterar lo que ustedes ya saben? ¿Vale la pena repetir lo que, sin duda, compartimos? Nosotros creemos que sí. No podemos darles el gusto de dejar de usar las palabras. Sería una manera de doblegarnos. Y nosotros no estamos dispuestos a bajar la cabeza ante nadie. Estamos aquí para enarbolar la bandera de la intolerancia contra los enemigos de la libertad y de la vida.

El pueblo español ha ido a votar en el día de hoy de forma masiva y pacífica. Ha decidido de forma democrática su futuro. Era la única manera que teníamos de acercarnos a la altura de la familia de Isaías Carrasco, de su mujer María Ángeles, y de sus hijos, Sandra, Ainara y Odei. Al abuelo de Isaías Carrasco, el primer Isaías Carrasco, lo mataron los fascistas franquistas en el 1938 en Morales de Toro (Zamora). A él, los fascistas de ETA en Arrasate.

“Toda nuestra estrategia está centrada en los votantes socialistas indecisos. Sabemos que nunca nos votarán. Pero sí podemos sembrar suficientes dudas sobre la economía, sobre la inmigración y sobre cuestiones nacionalistas, entonces quizás se quedarán en casa.”

El Secretario de Comunicación del PP, Don Gabriel Elorriaga, es un hombre afable, de hablar sereno. Esta afirmación contenida en una entrevista suya al Financial Times nos lo descubre además, como un dirigente político con un alto grado de sinceridad. Desde aquí le enviamos nuestras felicitaciones. El señor Elorriaga ha certificado lo que muchos ya intuíamos. Ni la economía española cae por un precipicio, ni los inmigrantes han venido a robarnos ni la unidad de España está en peligro. Se trata únicamente de tácticas electorales para desmovilizar al adversario. ¿Alivio? Sin duda alguna. Pero también honda preocupación por el hecho de que un partido que aspira -y puede- gobernar España sea capaz de exhibir dosis tan altas de irresponsabilidad. Es evidente que el único patriotismo que aún cultiva la derecha española es el de partido.

La entrevista contiene otras opiniones dignas de ser tenidas en cuenta: “el PP tiene una imagen muy dura y de derechas en este momento. Incluso nuestros votantes piensan que son más de centro que el PP.” Lo piensan y seguramente no les falta razón a muchos de ellos. Al fin y al cabo, ser más de centro que la actual dirección del PP no requiere un esfuerzo significativo.

Salir a votar o quedarse en casa. Ésta –y no otra- es la cuestión. Don Gabriel Elorriaga ha tenido a bien compartir con todos nosotros los anhelos más inconfesables del PP. Y nosotros no podemos ser tan descorteses como para regatearle nuestro agradecimiento.




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