Archivo de abril de 2008

Amortizar una Diada de Sant Jordi en Madrid a base de reuniones maratonianas tal vez no imprima carácter, pero al menos nos invita a tener una peculiar perspectiva de la semana. Una perspectiva que nos permite afirmar –con la matizada rotundidad que aportan los años- que el acontecimiento semanal que más va a cambiar la vida de los catalanes es el anuncio de que mañana entrará en funcionamiento el AVE regional (Avant) entre Barcelona, el Camp de Tarragona y Lleida. Poner a Lleida a 1 hora y diez minutos de Barcelona, y a Tarragona a 50 minutos de LLeida o a 36 minutos de Barcelona convierte en realidad ferroviaria el sueño orsiano de la Catalunya-ciutat. Comienza a hacerse realidad una dimensión de la alta velocidad que algunos, desde posiciones nacional-pesimistas o pseudosostenibles han intentado obviar: que la alta velocidad no sólo nos garantiza una conexión mejor con Zaragoza, Madrid, Toulouse o Valencia (a París o a Lisboa seguiremos yendo en avión), sino que supone una verdadera revolución en las comunicaciones internas de Cataluña, sólo comparable con la implantación del ferrocarril a mediados del siglo XIX. Evidentemente, esta es un opinión discutible que puede compartirse, o no. Pero lo que es más difícil de discutir es que este acontecimiento tiene mucho más impacto sobre nuestras vidas que algunos debates, no por conocidos, útiles e interesantes.

“No se puede confundir 25 personas de Madrid con España, porque España es mucho más grande” ha exclamado, con razón, Mariano Rajoy. Tampoco puede confundirse Cataluña con 25 catalanes, vivan donde vivan. Afortunadamente, Cataluña es mucho más. Mucho más grande, rica, plural y diversa. Aunque el AVE nos haya acercado unos a otros como nunca.

“La aparición de los cuatro maceros del Congreso en el salón anuncia la llegada de SS. MM., en cuyo instante todos los concurrentes al acto se ponen en pié. S. M. la Reina se adelanta al trono, llevando a su lado a su augusto esposo y seguida por la camarera mayor y dos damas, por los gefes de palacio, los ministros de la Corona y la comisión de senadores y diputados. S. M. se sienta en el trono, y a su izquierda toma asiento S. M. el Rey, colocándose los empleados de Palacio y las damas detrás de SS. MM., y los ministros en los escalones del trono por ambos lados. En seguida el señor presidente del Consejo de ministros, después de besar la mano a S. M., le entrega el discurso, que S. M. lee en voz alta con suma claridad y precisión, en medio de un silencio imponente. Aunque la voz de la reina Isabel es la de una dama que atraviesa los floridos años de su juventud, no por eso deja de dar a la lectura del discurso todo el aplomo y la gravedad que documento de tan alta consideración e importancia requiere.

Terminada la lectura, el señor Ministro de Gracia y Justicia recibe de manos de la Reina el discurso para remitir copias legalizadas a los cuerpos colegisladores; y el presidente del Consejo de Ministros, después de recibir la orden de S. M. y de besar su real mano, declara en nombre y por mandato de la Reina, abierta legalmente la legislatura.”

La solemne inauguración de la IX Legislatura Constitucional a la que asistimos el pasado miércoles guarda escasas similitudes con la protagonizada por una joven Isabel II a finales de la década de 1840. Por esta razón se nos ha antojado simpático trasladar aquí esta estampa, extraída de “Madrid al Daguerrotipo”, obra de un desconocido Barón de Parla-Verdades.

“En Madrid, que es Villa y Corte, la Villa ha sido la peor parada.” Esta afirmación, realizada desde el público, condensa una parte del atractivo debate que generó la presentación de la revista Metrópolis el pasado jueves en Madrid, de la mano de Carles Martí –Primer Teniente de Alcalde de Barcelona, con sólidos fundamentos filosóficos- y Manuel Cruz –Director de la revista y filósofo con un sólido compromiso con la polis-.

Sin ir más lejos, la investidura de José Luis Rodríguez Zapatero como Presidente del Gobierno (la Corte en una de sus versiones más relevantemente democráticas) ha acabado por expulsar a la Villa de una ciudad gozosamente acariciada por la lluvia. ¿Podemos añadir algo original al debate que no haya sido ya dicho?. Lo dudamos. Nos limitaremos a recalcar tres personales impresiones: 1) Hemos visto a un candidato a Presidente dotado de una presidencial y tranquila firmeza en la defensa de su programa político. 2) Hemos asistido a la más completa, rigurosa y convincente defensa del catalán, así como del éxito de nuestro modelo educativo y lingüístico, que nosotros conozcamos haya salido de la boca de un candidato a la Presidencia del Gobierno en el hemiciclo. 3) Hemos percibido un anhelo generalizado entre sus señorías por alcanzar un clima parlamentario más sereno durante los próximos cuatro años.

Gil de Biedma afirma en uno de sus poemas que, en Madrid, la vida “adquiere un carácter panorámico”. Hacemos votos para que el ensanchamiento vital que la Villa proporciona a quienes la habitan se traslade a lo largo de la nueva Legislatura a una Corte (actividad política) que precisa de una sosegada visión panorámica. El debate de investidura al que hemos asistido nos invita a la esperanza.

Seamos francos: Ni somos especialistas en política hidráulica, ni pretendemos adquirir esta condición. Sin embargo, eludir u orillar el problema de la sequía en nuestro país y sus posibles consecuencias a corto plazo en el Área Metropolitana de Barcelona nos parece manifiestamente indecente.

Seamos claros: 1) Enfrentarnos por los errores que todos hemos cometido en el pasado nos hace perder un tiempo que no tenemos y no aporta ninguna solución. 2) Tenemos un problema a corto plazo: garantizar que cinco millones de ciudadanos no se quedan sin agua. La respuesta no puede ser otra que dar respuesta a esta situación de emergencia estando preparados para captar agua allá donde exista a través de soluciones que puedan ser de aplicación en el próximo otoño y que garanticen el caudal necesario. 3) A medio plazo se están tomando las medidas estructurales correctas: ahorro, reutilización (depuradoras), recuperación de acuíferos y pozos y, sobre todo, desaladoras (delta del Llobregat, Maresme-Costa Brava, Cunit, La Tordera) 4) A largo plazo –y en el contexto del proceso de cambio climático-, no puede desecharse de forma dogmática ninguna opción.

Seamos honestos: En el debate sobre el agua, todos, en algún momento, nos hemos dejado arrastrar por posiciones que soportaban un exceso de carga ego-individualista y un inapreciable contenido solidario. No pretendemos discutir la legitimidad –e incluso la justicia- de determinados intereses territoriales o productivos. Pero todo debate sobre el agua es siempre una prueba determinante sobre la salud de una sociedad. Y la nuestra necesita unos sólidos cimientos de responsabilidad y cohesión si pretende afrontar con alguna posibilidad de éxito los problemas de hoy y los desafíos de mañana.




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