Archivo de julio de 2008

Don Ramón María del Valle-Inclán era, más allá de muchas de sus máscaras, un autor teatral que conocía su profesión. Sus obras de teatro nacían para ser representadas, para existir. Por esta razón difícilmente defraudan cuando suben a las tablas de un escenario.

El pasado jueves al salir del Teatro Español y pisar la concurridísima plaza de Santa Ana, lo hicimos no sólo sin ningún tipo de frustración, sino con la íntima sonrisa que nos proporcionaba haber asistido a una buena representación teatral; a una obra de teatro sin aditivos ni conservantes.

Los cuernos de Don Friolera es una crítica feroz, sin contemplaciones, a los dramas de honor de raíz calderoniana de nuestro teatro. Valle hace un uso de un esperpento cargado de violencia y, al mismo tiempo, atravesado de una sátira despiadada. Los monólogos de Pacual Astete (Don Friolera) colocan al espectador a medio camino entre la risa y el estremecimiento. Valle-Inclán, con esta obra, dispara con puntería contra el sentido del honor enfermizamente machista de la sociedad española de su tiempo –y, desgraciadamente, todavía del nuestro-.

Angel Facio, el director, nos ha hecho partícipes de un sueño –representar Los cuernos de Don Friolera- que perseguía desde hace cuarenta años. La escenografía está al servicio de la obra – y no al revés como sucede en demasiadas ocasiones-. La banda sonora –una sucesión de pasodobles- es un rotundo acierto. Rafael Núñez (Don Friolera) se sale. Teté Delgado (Doña Loreta) lo borda. Isabel Ayúcar (Doña Tadea) está inmensa. Y Nancho Novo (Pachequín) hace brillantemente de Nancho Novo. ¿Se puede pedir más? Nosotros, a estas alturas de nuestra vida, no nos atrevemos….

Les imprescindibles converses d’Eugeni Xammar amb Josep Badia i Moret que porten per títol “Seixanta anys d’anar pel món” comencen pel record del gran periodista català de la nit del 31 de desembre de l’any 1900 a l’Ametlla: “Quan de dalt del campanar s’escampessin arreu quatre batallades febles i dotze batallades fortes, això voldria dir que el poble, tot el poble, i tots els pobles passaven del segle XIX al segle XX.”

El rector del poble, mossèn Anton, va organitzar una solemne missa cantada. Xammar, setanta tres anys després, recordava al detall el sermó en el qual “tot el segle XIX va passar”. I recordava també les reaccions:

“A la sortida de l’església dos pagesos diuen:
-Què t’ha semblat el sermó?
-Ha estat polític…
Les paraules sàvies, en llavis de pagesos, s’han d’interpretar. “Ha estat polític” volia dir que mossèn Anton havia parlat bé, una llarga estona, i havia dit moltes coses que prou feina hi havia per entendre-les.”

El XIè Congrés del PSC que ham celebrat aquest cap de setmana, ha estat un Congrés polític. Però no en la interpretació xammarniana. Ha estat polític perquè, enfront d’una oposició instal·lada en un sobiranisme silvestre que insulta al President de la Generalitat, fa mal al català i divideix el país –la CDC de Felip Puig practica una nova versió del lerrouxisme en la direcció contrària, però amb les mateixes conseqüències- ha sortit enfortit un discurs polític catalanista, moderat, integrador, modern i responsable: el de la Catalunya que sap on va amb el President Montilla al capdavant. Ha estat polític en el sentit més noble i profund del terme.

Eugeni Xammar era el que avui podríem definir com a un nacionalista sobiranista. Però el practicava de forma intel·ligent i educada.

Al 1913 Ribera i Rovira va publicar “Atlàntiques”, una antologia en català de poesia portuguesa. Al pròleg, l’advocat, poeta i periodista adscrit al republicanisme federal catalanista crea el concepte de l’enyorantisme, versió catalana del saudosismo portuguès, amb la voluntat d’agermanar Catalunya i Portugal. L’enyorantisme no va reeixir, esdevenint, d’aquesta manera, una altra iniciativa iberista incapaç d’anar més enllà del terreny literari. Un terreny en el que Fernando Pessoa havia escrit: “Separats, tindrem, cada un de nosaltres, un sentit nacional; no tenim sentit civilitzacional. Podríem existir més o menys dignament i decentment, com qualsevol Bèlgica o qualsevol Suïssa, però això no és una existència digna a la qual es pugui aspirar. Valem més que no pas això; tenim dret a fer més que a existir.” Alguns anys després, el sentit civilitzacional –i, fins i tot, el nacional- ja no el podem aconseguir en una retrobada Ibèria i únicament és assolible en el marc del projecte europeu. Tanmateix, l’iberisme entès no únicament com a un bon veïnatge, sinó com a una comunió sentimental, intel·lectual i artística entre tots els pobles ibèrics i entre les seves llengües continua sent un objectiu apassionant i atractiu.

L’iberisme d’arrel federal no es va poder alimentar de l’enyorantisme. Però un cert enyorantisme –malauradament, incapaç de generar produccions literàries de consideració- sembla haver-se fet un lloc al nostre país. Un exemple: els amics de CDC renuncien a l’herència moderada pujoliana i practiquen l’enyorança d’un passat ple d’èpiques conviccions soberanistes/independentistes –un passat, d’altra banda, desconegut per a la majoria dels catalans-. I nosaltres enyorem una CDC raonable, pràctica, impregnada de realitat.

Concluyó el 37 Congreso Federal del PSOE. De lo dicho, debatido, aprobado y elegido tienen información exhaustiva a través de los medios de comunicación. Pero no quiero dejar pasar la oportunidad de subrayar el mayor acto de justicia que tuvo lugar en el mismo: la rehabilitación de la figura de Juan Negrín, último Presidente del Gobierno de la República, que fue expulsado del Partido Socialista en 1946 bajo la acusación de haber colaborado con los soviéticos y los comunistas.

La figura de Juan Negrín siempre nos ha parecido especialmente atractiva y condensadora de las tragedias y contradicciones que la Guerra Civil ocasionó a muchos de sus protagonistas. Científico de prestigio, de origen acomodado, socialista moderado de la facción centrista de Indalecio Prieto, dotado de gran responsabilidad y, al mismo tiempo, capaz de saborear los placeres de la vida, Juan Negrín tomó decisiones discutible –¿alguna no lo es?- pero todas ellas encaminadas a preservar la República y su obra. Nosotros, que somos prietistas a fuer de socialistas, estamos convencidos que su ruptura con Negrín y la campaña feroz que lanzó en contra del entonces Presidente del Gobierno –campaña que, de alguna manera, duró hasta el día de ayer- son unos de los errores menos justificables de Don Inda.

En otro orden de cosas, los 96 delegados y delegadas del PSC me concedieron el honor de ser su jefe de delegación. En su nombre intervine el pasado viernes en el Plenario del Congreso para valorar la gestión de la Comisión Ejecutiva Federal saliente. Estas fueron mis palabras:

“Buenas tardes, compañeros y compañeras,

El pasado 9 de marzo, el pueblo español decidió que durante los próximos años nuestro país debía seguir siendo gobernado por un Gobierno socialista presidido por José Luis Rodríguez Zapatero.

En el caso de Catalunya, los ciudadanos dieron un respaldo sin precedentes a las candidaturas socialistas. Un respaldo que a los socialistas catalanes nos llena de orgullo, pero también de responsabilidad y de exigencia.

Durante los últimos cuatro años, los socialistas habíamos gobernado España, demostrando, con hechos, que para nosotros el progreso económico no tiene sentido si no es generador de progreso social. Demostrando que era posible tener una política internacional coherente con nuestros intereses de país y, al mismo tiempo, comprometida con los valores de la paz y de un orden internacional más justo, más humano. Alcanzando una nueva frontera de derechos y libertades en nuestro país. Y, finalmente, impulsando una nueva generación de Estatutos de Autonomía con el fin de adecuar nuestro modelo territorial a la realidad y demandas de nuestra sociedad.

Todo ello haciendo frente a una derecha que no aceptó en ningún momento el resultado democrático del 14 de marzo del 2004.

Una derecha irresponsable, que hizo de la confrontación territorial y, especialmente, del rechazo a todo aquello que venía de Cataluña, uno de sus ejes centrales de actuación.

Compañeros y compañeras, el apoyo de los delegados catalanes a la gestión de la Comisión Ejecutiva Federal saliente es razonado, razonable y un acto de justicia.

Pero este voto afirmativo es, por encima de todo, una manifestación de nuestra voluntad de seguir aportando lo mejor de nosotros mismos al proyecto común del socialismo.

Si durante cuatro años fuimos capaces de mejorar el progreso económico y convertirlo en progreso social. Ahora nos toca demostrar al conjunto de la sociedad española, que los socialistas somos capaces de gobernar una situación de graves dificultades económicas. Y de hacerlo mirando a la realidad de cara y al lado de los más débiles.

En esta desfavorable coyuntura económica, los socialistas estamos comprometidos con la consolidación de los avances sociales aprobados en la anterior legislatura, con la aplicación plena de la nueva generación de Estatutos de Autonomía, así como con las reformas en el terreno de la justicia, seguramente la asignatura pendiente de la democracia española.

La actitud del PSC en lo que hace referencia al despliegue del Estatut de Catalunya se resume en tres palabras: ambición, responsabilidad y lealtad. Sin prisas, pero sin pausas. Tomando decisiones acertadas que si son buenas para Catalunya, han de serlo, necesariamente, para el conjunto de España.

Estas tareas políticas las hemos de afrontar teniendo enfrente a una derecha que, hoy por hoy, es una incógnita.

Pero el PP nos ha de demostrar con hechos que el cambio de algunas caras es también un cambio de políticas. Y digo de algunas, porque los que mandan hoy en el PP son Javier Arenas y Mariano Rajoy, dos jóvenes promesas recién salidas de las Nuevas Generaciones y sin ninguna conexión con Aznar.

En todo caso, hay un tema que para el PSC no es menor, y que nos plantea serias dudas sobre esa supuesta evolución centrista del PP. Pepe Blanco tuvo el acierto de citarlo en su intervención esta mañana. Y es que el PP sigue utilizando la confrontación lingüística, la división en función de la lengua y, en definitiva, su menosprecio por pluralismo lingüístico de nuestro país, por el catalán, el gallego y el euskera, como arma partidaria.

Para el PSC –y no lo dudéis, para la inmensa mayoría de los catalanes-, mientras el PP pretenda separar a los niños y niñas catalanas en la escuela en función de su lengua materna, mientras pretenda generar división y conflictos allá donde conviven dos lenguas –el castellano y el catalán- en armonía, la supuesta evolución del PP hacia la moderación sólo podrá ser considerada como una broma de mal gusto.

Hoy en Catalunya, cuando se han escuchado las palabras de Zapatero, centenares de miles de catalanes y catalanas, de lenguas y orígenes diversos, lo han celebrado. Saben hoy, más que nunca, que las lenguas no nos dividirán. Ni en Catalunya, ni en el resto de España.

El 37 Congreso Federal coincide con el 30 aniversario de la fundación del Partit dels Socialistes de Catalunya.

Cuando el próximo sábado, 12 de julio, los socialistas catalanes conmemoremos los 30 años de vida de nuestro partido estaremos celebrando también 30 años de vínculo federal, de relación fraternal, entre el socialismo catalán y el conjunto del socialismo español.

Treinta años en las que, juntos, hemos arrimado el hombro para hacer realidad una España más próspera, más moderna, más justa, más solidaria y más plural.

Juntos hemos celebrado victorias, y juntos nos hemos rehecho de las derrotas.

Juntos hemos honrado y recordado a quienes hoy no están entre nosotros.

Y juntos hemos llorado a quienes dieron su vida – Isaías Carrasco apenas hace cuatro meses- por defender los valores del socialismo, la vida y la libertad frente a la barbarie fascista y terrorista.

A lo largo de estos treinta años, no han sido pocos los que han especulado o han soñado con fortalecer sus proyectos políticos sobre la base de un debilitamiento del vínculo entre el socialismo catalán y el socialismo español.

Lo han pretendido los nacionalismos y soberanismos periféricos. Pero también la derecha, la derecha presuntamente patriótica del PP.

No se me ocurre mejor tribuna que ésta del 37 Congreso Federal para hacerles saber a unos y a otros que, tras treinta años de inútil y ansiosa espera para asistir a una fractura de la relación entre el PSOE y el PSC, hoy está relación goza de una excelente y robustecida salud.

Para hacerles saber a unos y otros que después de esperar 30 años, se vayan preparando para esperar otros treinta, y otros treinta y otros treinta años más.

Porque frente a proyectos neocentralistas que recelan de la pluralidad cultural y lingüística de España o a nacionalismos que recelan de esa misma pluralidad cuando se produce
en los territorios que aspiran a homogeneizar, el socialismo español y, concretamente, el vínculo fraternal entre el PSC y el PSOE es una de las piedras angulares sobre la que estamos construyendo, desde hace treinta años, un proyecto atractivo de España capaz de unir desde la diversidad y de fortalecer desde la pluralidad.

Los socialistas catalanes estamos radicalmente comprometidos con la España plural, diversa e integradora que lidera José Luis Rodríguez Zapatero.

Lo estamos desde nuestras convicciones federalistas y catalanistas.

Lo estamos como socialistas, como hombres y mujeres que estamos convencidos de que un mundo mejor es posible.

Y lo estamos, hoy y aquí, orgullosos de formar parte de la gran familia del socialismo español.

Recibid, compañeras y compañeros, una salutación fraternal de los 96 delegados y delegadas del PSC al 37 Congreso Federal.”




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