Archivo de septiembre de 2009

Para que no se nos olvide: el “manchado” del Café del Príncipe no tiene rival en Madrid, al menos hasta donde nosotros conocemos. Si Dios existe, estos sutiles días de verano no pueden ser otra cosa que un regalo suyo. En las Cuatro Calles (Plaza de Canalejas) la jungla de asfalto de John Huston ha adquirido una apariencia ordenadamente apacible, atravesada por una cálida brisa urbana. Y sobre nuestras cabezas, reinando, el cielo de Madrid.

Pero quedan otras junglas. Barack Obama nos lo ha recordado el pasado miércoles en su primera intervención ante la Asamblea General de la ONU. Fue coherente con su visión del mundo. Y, además, habló claro: “Aquellos que criticaban a EEUU por actuar sólo en el mundo no pueden ahora hacerse a un lado y esperar a que EEUU resuelva solo los problemas del mundo”. Una nueva era de cooperación internacional exige que todos estemos dispuestos a asumir nuestras responsabilidades.

Ese mismo día aprobamos en la Comisión de Defensa del Congreso de los Diputados el envío de 220 nuevos efectivos para reforzar nuestra misión de paz en Afganistán. La ministra Carme Chacón nos recordó que se trata de “una misión de alto riesgo, dura, compleja y muy arriesgada”. Quienes votamos a favor de este nuevo envío de militares españoles a la jungla afgana somos conscientes de que exponemos a más compatriotas a peligros no menores. No es una decisión fácil. Pero también sabemos que España no puede limitar su compromiso con la paz, la seguridad internacional y contra la amennaza del terrorismo a una política de declaraciones. Y también sabemos -lo recordó la Ministra-, que la llegada de Obama a la Casa Blanca ha supuesto la puesta en marcha de una nueva estrategia en Afganistán orientada a evitar víctimas civiles y a “ganarse los corazones de los afganos”. Nosotros no vamos a escurrir el bulto.

Sábado, 19 de septiembre. Volviendo en el AVE del Comité Federal del PSOE –y a la altura de Calatayud- nos da por escribir sobre pactos y acuerdos.

En el prólogo a “La trampa del consenso” de Thomàs Darnstädt, Sosa Wagner afirma: “el diálogo y el consenso no pueden convertirse en el taparabos de quien no tiene rabo que tapar.” Ciertamente. Pero no lo es menos que el diálogo y el consenso son imprescindibles para sentar las bases de un marco político y jurídico de convivenciae stable y duradero y francamente útiles para dar respuesta a aquellos retos que conciernen al conjunto de una sociedad.

Obviamente, la respuesta a la actual crisis económica entra de lleno en el segundo de estos supuestos. Lamentablemente, el PP decidió desde el primer momento que esta crisis económica tenía que ser su pasaporte para volver a la Moncloa. Arrimar el hombro, acordar iniciativas ni se les pasa por la cabeza. Y ya se sabe: dos no pactan si uno no quiere.

Ante esta realidad, no deja de sorprendernos las continuas apelaciones al pacto o al acuerdo que algunos insisten en repetir. Hemos buscado una explicación y nos hemos encontrado con tres (desechando de antemano la hipótesis del taparabos):

1.- Quienes reiteran esta idea desconocen que para el PP la crisis no es un problema de los españoles, sino un problema para el Gobierno y una oportunidad para la oposición.

2.- No sólo conocen este hecho, sino que lo comparten y reiteran la necesidad de este acuerdo imposible para responsabilizar al Gobierno y contribuir a desgastarlo.

3.- Se trata simplemente de una cómoda manera de labrarse o consolidar un cierto prestigio en determinados ambientes. ¿Es posible estar en desacuerdo ante una apelación al acuerdo ante una crisis económica de estas dimensiones? Evidentemente, no.

El señor Juan Ramón Quintás, presidente de la Confederación Española de Cajas de Ahorros (CECA) ha reclamado recientemente un adelanto electoral en el caso de que las fuerzas sociales y políticas no sean capaces de ponerse de acuerdo para responder a la crisis. Las declaraciones del señor Quintás (al que no hemos oído quejarse de las medidas del Gobierno orientadas a asegurar la estabilidad de las Cajas de Ahorros que pasan por dificultades) deben entenderse a partir de uno de las tres hipótesis apuntadas anteriormente. Ustedes deciden.

El 11 de julio de hace 100 años se inició en Barcelona la conocida como “Semana Trágica”. Lo que comenzó inicialmente como un movimiento antimilitarista en contra del envío de tropas a Marruecos pasó, en pocos días, a ser una huelga general de 24 horas, para desembocar en un motín anticlerical sin dirección: una “bullanga” del siglo XX en la que desaparecieron quemados 67 edificios religiosos entre iglesias, conventos o escuelas.

La normalidad no llegó a las calles de Barcelona hasta el 2 de agosto. Murieron 87 personas y hubo un número indeterminado y numeroso de heridos. La represión de este movimiento acéfalo y espontáneo fue atroz: 200 personas fueron desterradas y cinco fusiladas. Con posterioridad, el 13 de octubre, fue ejecutado Francesc Ferrer i Guàrdia, director de la Escola Moderna, cuyo papel había sido nulo en la revuelta. La “Setmana Trágica” supuso el certificado de defunción de la “Solidaritat Catalana” al apoyar la derecha con entusiasmo la represión, mientras la izquierda se colocaba al lado de las víctimas. No era la primera vez, ni será la última.

En la Cataluña de hoy, tan distinta y tan cercana a la de hace 100 años, convivimos con compatriotas cuyas vidas contienen días, semanas, meses e incluso años de tragedia. La mayoría permanecen en al anonimato y adquieren la condición de noticia solamente cuando la tragedia adquiere la condición de noticiable. Claro está que también hay compatriotas que tienen tiempo y ganas para abochornarnos a todos silbando a la cantante israelí Noa en el acto central de nuestra Diada, o de convertir la política catalana en una mezcla de escaladas verbales y de ocurrencias inútiles. Paciencia…pero sin un ápice de resignación.

La mentira y la difamación ocupan un espacio en el teatro de la vida y, en consecuencia, también en el escenario de la política. A Pablo Iglesias le acusaron de estar implicado en el asesinato de Canalejas y no tuvieron reparos en inventarse una entrevista con el anarquista Pardiñas. También difundieron el bulo según el cual el líder socialista se defendía del frío madrileño con un gabán de pieles. Pablo Iglesias nunca abandonó su capa española de marrón oscuro.

Evidentemente, la mentira, la difamación –o la corrupción- no son patrimonio exclusivo de la derecha. Pero en la medida que ésta ha “señoreado” nuestro país durante décadas –algunas en régimen de monopolio- ha tenido el tiempo y los medios necesarios para alcanzar un apreciable virtuosismo en estas materias. La campaña orquestada por el PP durante este verano para conseguir la impunidad de algunos de sus miembros imputados o investigados en el marco de la Operación “Gürtel” es uno de los ataques más frontales y desvergonzados a nuestro Estado de Derecho desde 1978.

Consterna comprobar cómo abunda en nuestro país ese tipo de personajes que Larra definía como “un importante de éstos que a costa de tener reputación se conforma con tenerla mala”. Pero el problema se agudiza si el importante en cuestión es un dirigente intocable del PP (en el PP conviven los dirigentes intocables con los tocables en función de un criterio mariano) que no se paga los trajes. En este caso, no se conforma con tener mala fama, sino que es capaz de acusar al partido que gobierna España de querer “instalar un régimen de terror”. Hombre, con lo razonable y normal que es pagarse los trajes que uno usa. Debería probarlo. No es tan terrorífico….




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