Archivo de octubre de 2010

Primero supimos que Jesús Neira, efímero fichaje de Doña Esperanza Aguirre, había sido interceptado cuando iba por la M-40 dando bandazos con más del triple de alcohol permitido en sus venas. Neira se defendió aduciendo que había bebido “media copa de vino y un licor de café”. Y añadió: “Si no puedes pegarte un revolcón con una señora y encima no puedes tomarte un vino, no quiero vivir.”

 Después fuimos conocedores de que Javier León de la Riva, alcalde popular de Valladolid, tiene una fijación insultante y babosa con los “morritos” de la actual ministra de Sanidad. León de la Riva no sólo sigue de alcalde, sino que se jacta de haber recibido un SMS en el que el bueno de Don Mariano Rajoy le explicita su apoyo.

En ésas estábamos cuando Fernando Sánchez Dragó  (que presenta un programa literario en la televisión pública madrileña) tuvo a bien presumir de sus relaciones sexuales con dos japonesas de 13 años. Eso sí, se ha apresurado a dejar bien claro que el delito ha prescrito.

 Necesitábamos un buen colofón y, por suerte, apareció  Arturo Pérez-Reverte. El cacadémico, incapaz de faltar a su cita con el insulto, tildó de “perfecto mierda” al ministro Moratinos por haberse emocionado en su despedida. 

 ¿Pura casualidad? Nos tememos que no. La derecha casposa está crecida y con el subidón empiezan a mostrarse tal como son, sin complejos ni matices que estorban. El conservadurismo moderado debería acompañarnos en la batalla contra la zafia caverna reaccionaria.  Por el bien de todos y, especialmente, por el suyo propio. La intolerancia –y la respuesta-  hacia estas actitudes, comportamientos e insultos ha de ser un patrimonio compartido de la mayoría de la sociedad española.

El diputat del PSC destaca que els canvis en el Govern “són positius per a Espanya i per a Catalunya” i “enfortiran l’electorat del socialisme català”

El membre de l’Executiva Nacional, diputat del PSC i portaveu adjunt del Grup Socialista al Congrés, Daniel Fernández, ha valorat avui molt positivament els canvis que José Luis Rodríguez Zapatero ha fet aquesta setmana en el seu Executiu. Fernández ha destacat que amb el nou Govern “s’enforteixen clarament les polítiques de reformes que necessiten Catalunya i Espanya”. Unes reformes, ha afegit, que serviran “per donar resposta al problema de l’atur i per enfortir la cohesió social”. Aquest tipus de decisions, ha assenyalat el diputat, “impulsen les reformes que la societat catalana i la societat espanyola necessiten”. En aquest sentit, doncs, ha afirmat que cal diferenciar clarament “entre els que des del Parlament i el Govern d’Espanya treballen per sortir de la crisi, i d’altres, el PP i CiU, que bàsicament el que fan és el gandul”. “I aquesta”, ha conclòs, “és una diferència fonamental”.

Daniel Fernández ha explicat que el nou Govern “està reforçat políticament, té més impuls i més força política” i per tant serà “més útil i més fort per sortir de la crisi, per mantenir la cohesió social i per aconseguir superar l’atur, però també a l’hora de recuperar aquelles parts de l’Estatut que la sentència va invalidar, no pel fons, sinó per la forma”. Per tot això, considera Fernández, el fet que els canvis s’hagin produït abans de les eleccions catalanes “és una bona notícia per al socialisme català”, perquè “enforteix el nostre electorat i tindrà conseqüències positives de cara a les eleccions”.

Supongamos que usted es el líder de la oposición en un país que sufre las consecuencias de la mayor crisis económica internacional desde la Gran Depresión. Supongamos que desde su inicio no ha tenido en ningún momento la tentación de arrimar el hombro para que su país salga cuanto antes y en mejores condiciones de dicha crisis. Supongamos que no ha sido capaz de presentar ninguna propuesta en este sentido. Supongamos que, en el fondo, para usted la crisis es una oportunidad para volver al poder, que es donde usted se encuentra realmente a gusto.

Supongamos ahora que ayer, en la Carrera de San Jerónimo, usted  ha votado en contra de unos Presupuestos Generales del Estado imprescindibles para reforzar la confianza en nuestro país, tanto dentro, como fuera de nuestras fronteras. Supongamos, además, que dichos presupuestos son austeros, impulsan las reformas que nuestra economía necesita y mantienen el compromiso con la cohesión social.

Supongamos, en fin, que el mismo día en que una mayoría parlamentaria responsable -a la que se ha llegado a través de la negociación y el acuerdo-, rechaza rechazar dichos presupuestos, el Presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, realiza un cambio profundo del Gabinete, reforzándolo políticamente y dotándolo de un nuevo impulso para afrontar el inicio de la salida de la crisis.

Supongamos que usted reacciona realizando una rueda de prensa en la que lo único que se le ocurre es pedir elecciones anticipadas. En ese caso –no lo dude- usted es Mariano Rajoy. Y le viene al dedo una reflexión del gran dramaturgo –y nulo diputado maurista a Cortes- Don Jacinto Benavente: “Una idea fija parece una gran idea, no por ser grande, sino porque llena todo un cerebro.”

Asistimos ayer a una concurridísima desayuno-conferencia-rueda de prensa organizada por el Fórum Europa en el Horel Ritz de Madrid. Felipe González presentó -con afecto y haciendo gala de una brillantez baltasargracienca- al President de la Generalitat, José Montilla. La intervención de José Montilla –a las puertas de las elecciones al Parlament de Catalunya- fue sólida, completa  y sin concesiones a la galería. No hubo sorpresas, algo que agradecemos aquellos que hemos llegado a la conclusión de que vivimos tiempos en que el substantivo “sorpresa” va acompañado inexorablemente del adjetivo “desagradable.”

“Mi propósito era, es, y será trabajar para ampliar el terreno compartido entre los que no somos ni separadores ni separatistas. Y que ocupamos un espacio que creo mayoritario, tanto en la sociedad catalana como en la española en su conjunto. Para reconstruir los puentes de diálogo, para restablecer la confianza mutua, para imponerse a los partidarios del ruido y de la furia, propongo un discurso y un proyecto constructivo, sereno, sensato y a la vez exigente. Un discurso que, en estos momentos, en Catalunya, solamente defendemos los socialistas del PSC, cuya candidatura voy a encabezar. Así como un número considerable de ciudadanos (a mi entender la mayoría) que no quieren que las relaciones entre Catalunya y el resto de España sigan basándose en el conflicto permanente, en el recelo y en el resentimiento.” 

Estas afirmaciones del President de la Generalitat constituyen el meollo de la cuestión. En las próximas elecciones los catalanes decidiremos si los años venideros serán años de separación o de unión. De separación y alejamiento del proyecto español, pero también de separación y división interna. O de unión desde el respeto a la pluralidad catalana y española. De separación y desviación de nuestro principal reto: salir cuanto antes y en las mejores condiciones de la crisis económica. O de unión y esfuerzo compartido para volver a crecer más y mejor. Nosotros no hemos accedido al ágora ni para separar ni para separarnos. Ni para dejar que nos separen.

Catalunya y Vargas Llosa

 LA VANGUARDIA, 11.10.2010

El primer libro que leí de Vargas Llosa fue en catalán. Lletra de batalla per Tirant lo Blanc, una luminosa reivindicación de la novela medieval del valenciano Joanot Martorell, que ya Cervantes calificó de “mejor libro del mundo” y que el flamante premio Nobel conoció en sus años barceloneses (años que ayer recuperaba para los lectores de La Vanguardia Xavi Ayén, estupendo periodista cultural que estaba en Nueva York junto a Vargas Llosa precisamente el día en el que se concedió el Nobel).

El ensayo sobre Tirant lo Blanc de Vargas Llosa formaba parte, a manera de prólogo, de la edición castellana de esta novela medieval que realizó Alianza en 1969. Traducido por el añorado Ramon Barnils, el estudio fue publicado aquel mismo año en una colección de ensayos de Edicions 62. En tal colección, Vargas Llosa aparece rodeado de libros marxistas y estructuralistas, lo que ya entonces daba la medida de la singular personalidad del futuro premio Nobel. En efecto, en una Barcelona intelectualmente dominada por el pensamiento progresista de los Sartre, Engels, Marcuse o Lévi-Strauss, había que tener convencimientos literarios muy sólidos para enamorarse de un libro arcaico. Vargas Llosa quería rescatar a Tirant de “su injusta tumba del olvido” y sostenía: “Martorell es el primero de esa estirpe de suplantadores de Dios –Fielding, Balzac, Dickens, Flaubert, Tolstoi, Joyce, Faulkner– que pretenden crear en sus novelas una realidad total”.

Todos los ensayos literarios de Vargas Llosa insisten en esta metáfora del novelista como creador del mundo. Los grandes narradores son deicidas o suplantadores de Dios, porque actúan como el propio Dios en el Génesis y producen en el lector la impresión de que el mundo ha sido creado de nuevo. Joanot Martorell –sostenía Vargas– es el más remoto iniciador de esta estirpe: “Un novelista todopoderoso, desinteresado, omnisciente y ubicuo”.

Situar a Martorell en la restringida lista de los Flaubert, Tolstoi, Faulkner o Balzac debería haber contrapesado las reticencias que la figura del nuevo Nobel suscita en importantes sectores del catalanismo. Pero no me extrañaría que los más reticentes ignoraran incluso la existencia de tal ensayo. La Catalunya política e ideológica apenas lee. No es extraño que el discurso político sea ya tan visceral como el futbolístico. En este punto, la política catalana y la española no se diferencian. Será el sustrato franquista, o será el virus del totalitarismo, que rebrota entre nosotros aderezado con nuevos componentes. El hecho es que el pensamiento libre vuelve a parecer sospechoso. Se desprecia al escritor o intelectual que se atreve a pensar por su cuenta, especialmente si su libre albedrío cuestiona tópicos, falsedades o prejuicios sobre los que se construyen las identidades y las ideologías.

Para el sector nacionalista de la política y la cultura catalanas, las críticas del popperiano Vargas Llosa sobre el catalanismo han pesado mucho más que su fértil compromiso con uno de nuestros mejores clásicos. No importa que el gesto de leer, estudiar y defender el Tirant lo Blanc sea una muy valiosa manera de reconocer la cultura en lengua catalana y de proyectarla internacionalmente. No importa que el tirón publicitario del Nobel pueda también ahora ser útil al Tirant y, por extensión, a la cultura escrita en catalán, a la que no le sobran precisamente valedores internacionales. No importa. Muchos influyentes actores catalanes le dieron la espalda cuando, con razón o sin ella, Vargas Llosa dijo, ya residiendo en otras ciudades del mundo, que el nacionalismo catalán había acabado con la efervescencia, creatividad y libertad de la Barcelona de los años setenta. Vargas Llosa pasó entonces a ser considerado hostil. Craso error. Lo importante no es que Vargas Llosa comparta las emociones o razones del catalanismo, sino que defienda en todo el mundo que Tirant es tan importante para la historia de la novela como Guerra y paz.

Fue en Catalunya donde Mario Vargas Llosa encontró el apoyo de la prodigiosa agente Carmen Balcells y del editor Carlos Barral. Sin olvidar la amistad de los Ferrater, Tusquets, Azúa y compañía. Aquella Barcelona de los setenta (que también Umberto Eco consideraba meca de la creatividad) debería ser reivindicada por el catalanismo. Dos premios Nobel, dos, se gestaron en aquella Barcelona. Y desde Barcelona se expandió a todo el mundo una corriente triunfante: el llamado realismo mágico o boom latinoamericano. Defender la cultura en lengua catalana es objetivo esencial del catalanismo: nadie más que nosotros lo hará. Pero este objetivo debe ser compatible con la visión internacional de Barcelona, capital histórica de la edición en castellano. Tal capitalidad es hija del talento empresarial y de la creatividad de muchas generaciones. En este momento de crisis económica y de previsible cambio político, el merecidísimo triunfo de Vargas Llosa nos recuerda la necesidad de repensar la mejor manera de reimpulsar ambas tradiciones culturales.

El éxito de Vargas Llosa es personal: de su talento y su trabajo, de su imaginación y de su prodigiosa claridad expresiva. Pero, si alguna sociedad merece colgarse alguna medalla por este Nobel, es la barcelonesa y, por extensión, la catalana. El éxito de Vargas es también el éxito de la sociedad catalana. Debemos aplicarnos a la suma –y no a la resta– si queremos repetirlo.

Vaya por delante que no somos unos fundamentalistas de las primarias. Nos explicamos. Hay partidos –el socialista, sin ir más lejos- que eligen sus órganos de dirección y toman sus decisiones a través de votaciones y de acuerdos plenamente democráticos. Evidentemente, todo es perfectible. Pero convertir las primarias en el único sistema democrático de selección interna en los partidos equivaldría a sostener que la democracia representativa debe disolverse en una concatenación de referéndums. Mejor que no. Cuestión diferente es que las primarias deban activarse cuando aparecen varios candidatos a una responsabilidad prevista estatutariamente. En estos casos, las primarias, tal y como escribía hace unos días Ignacio Urquizu en El País “activan a la militancia, dan mayor visibilidad al proyecto político y reflejan el talante democrático de la formación.” Las recientes elecciones para elegir el candidato o candidata socialista a la Presidencia de las Comunidades de Madrid, Murcia y Canarias y a la Alcaldía de once municipios –Valencia, Alicante, Guadalajara o Majadahonda, entre ellos-  son un buen ejemplo de primarias desarrolladas y concluidas de forma responsable, respetuosa e intachable. Sus protagonistas pueden estar orgullosos. Nosotros lo estamos.

Es cierto que existen otros partidos políticos –el popular, pongamos por caso- que aborrecen las primarias y que tienen devoción por otros métodos más primarios. Mariano Rajoy es el sucesor de Aznar porque el dedo de éste tuvo a bien señalarle. (Rato había cuestionado las decisiones de Aznar sobre Irak, mientras que al dócil de Rajoy tanto le daba atún que betún).  Pero tenemos ejemplos más recientes. El antiguo General Secretario del PP, Álvarez Cascos, tiene montada una tangana de aúpa en Asturias. Sectores afines y contrarios llevan meses conspirando y atiborrándose en comidas y cenas a costa de los presupuestos públicos para dirimir una confrontación privada . ¿No sería más útil -y menos oneroso para las arcas públicas- que la decisión la tomaran los afiliados asturianos del PP en unas elecciones primarias? No lo verán nuestros ojos.

‘Sólo el PSOE suma políticas sociales a la inevitable austeridad’

Nacido en Barcelona en 1965, es miembro de la ejecutiva del PSC y del comité federal del PSOE, y fue ponente de la reforma del Estatut. Es coautor, junto con el historiador Joaquim Coll, del ensayo ‘A favor de España y del catalanismo’ (Edhasa)

Usted acaba de publicar ‘A favor de España y del catalanismo’. ¿No murió el federalismo con la sentencia del Estatut?

Ni el Estatut rompía España,  ni la sentencia mató al federalismo. España es un Estado federal en muchos ámbitos, aunque todavía quedan otros en los que queremos avanzar, y el Estatut es la herramienta.

¿Con la suficiente ayuda de Zapatero, o volverá a fallar?

Si ha habido un presidente comprometido con Catalunya, que ha defendido el autogobierno frente a la campaña más brutal que el PP ha hecho nunca, es Zapatero. Ha estado a nuestro lado todo este tiempo.

Pues es sólo ahora que hay acuerdo con el PP para renovar el TC, justo cuando debe abordar la ley del aborto.

Hay acuerdo porque el PP, que durante un año y medio ha bloqueado la renovación, por fin mueve ficha. Se ha visto aún más claramente que en el bloqueo del TC no había dos culpables, sino uno solo: el PP.

Los Presupuestos Generales de 2011 son de guerra, recortan la inversión un 31%.

Zapatero sabe que tiene la responsabilidad y la obligación de sacar al país de la crisis y tomará todas las medidas para ello. Ya lo dijo: ‘Cueste lo que cueste y me cueste lo que me cueste’.

Pues le va a costar muy cara, según las últimas encuestas.

Nuestra prioridad no son las elecciones, sino las reformas necesarias para salir cuanto antes de la crisis y, después, poder crecer de forma más competitiva y con mayor calidad, empleo y productividad.

«Abaratar el despido no es el camino para crear empleo. Sólo provocaría más desigualdades sociales y menos protección al trabajador». ¿Le suena la cita? Lo decía el presidente Zapatero en enero.

Es cierto que la reforma laboral, en algunos supuestos, comporta una reducción de la indemnización por despido, pero también incrementa la protección del empleo juvenil, por eso es una reforma equilibrada.

Aumentarán los despidos. De ahí la huelga general.

Todavía hay que desarrollar la reforma. El presidente ha manifestado su voluntad de pactar este desarrollo con los sindicatos, como la reforma de las pensiones. Cuando se asiente la recuperación y la reforma se haya desarrollado, veremos los resultados positivos.

Si mandan los mercados y la UE, ¿para qué el socialismo?

El Gobierno tiene la obligación de conseguir financiación en el exterior para poder desarrollar sus políticas. Esta financiación se consigue generando confianza en quienes te prestan el dinero. Para conseguir esta confianza hay que demostrar que tienes un horizonte fiscal equilibrado, de aquí los presupuestos del ajuste. Esto es obligación de todo gobierno.

¿Para que el socialismo?

Un gobierno de izquierdas tiene la obligación de acompañar esta política de austeridad inevitable con las políticas sociales: educación, sanidad, pensiones que aumentarán un 1%… Ésta es la diferencia entre un gobierno de izquierdas y un gobierno conservador ante la crisis. Y el 58% de los Presupuestos de 2011 están dedicados a las políticas sociales.

M.VICTÒRIA BERTRAN

  • Frente a quienes desde posiciones neoliberales acosan por tierra, mar y aire a los sindicatos -UGT y CCOO suman 2,4 millones de afiliados-, éstos han demostrado tener músculo y una alta capacidad de movilización y organización. Además, y desmintiendo uno de esos falsos tópicos, hemos podido comprobar una alta participación de jóvenes. Una buena noticia para la izquierda.
  • La huelga no ha paralizado el país. Ha tenido un seguimiento relevante en la industria, minúsculo en los servicios públicos o privados y moderado en el transporte. Una buena noticia para el Gobierno.
  • La jornada de huelga se ha desarrollado con normalidad democrática y ciudadana. Más allá de algunos incidentes menores (no incluyo la algarada de Barcelona donde los de siempre intentaron okupar la jornada de huelga) el Gobierno ha garantizado, tanto el derecho de huelga, como el del trabajo. Tan sólo una mácula, los piquetes informativos que tienen una concepción demasiado expansiva del concepto información deberían hacer un esfuerzo de moderación. Sus excesos –como las amenazas de algunos empresarios a sus trabajadores – deberían desaparecer. Simplemente.
  • Después de la huelga el Gobierno, los sindicatos y la patronal –la cúpula de la cual ha alcanzado niveles de prestigio y credibilidad abisales- deben retomar el diálogo social. De los que se trata ahora es de que no gane nadie para que ganemos todos. La necesaria reforma del sistema de pensiones es, en este sentido, una buena oportunidad. 

 

 




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