Archivo de junio de 2011

“Nous n’irons plus à Barcelone”

EL PERIÓDICO, 28.06.2011

En cuanto llega Pentecostés, en la ciudad francesa de Nimes, la del coso romano, los penachos de los alguaciles se tiñen de rojo. Empieza la feria taurina. Un millón de visitantes esta temporada, un 30% más que la anterior, y los hoteles hasta la bandera. No hay entradas. ¿Empiezan a emigrar los taurinos catalanes?

«Siempre nos quedará la Catalunya Nord», me dice con sorna un aficionado barcelonés, a quien se le llevan los demonios cuando piensa que este año será el último que toreará José Tomás en la Monumental. En el 2012 se acaban las corridas y los expertos taurinos creen que detrás de la ley aprobada en el Parlament hay algo más que amor por los animales. Una sospecha lógica. Por un lado, los correbous seguirán celebrándose. Por otro, parece absurda tanta urgencia cuando solamente el 6% de los toros bravos mueren en la plaza; el resto lo hacen en el matadero, junto con los millones de vacas, cerdos o corderos criados como carne. Los partidos entraron al trapo por diferente cuestión. «Para imaginar un futuro sin España, Barcelona tenía que reinventarse un pasado sin toros», indican los académicos franceses que han escrito el libro Nous n’irons plus à Barcelone (No iremos más a Barcelona).

Francia, donde las corridas se introdujeron en el siglo XIX, ha declarado la tauromaquia patrimonio cultural. Mientras, en Catalunya, cuya primera corrida se remonta al XIV, se prohíbe. El PP intenta una moratoria de tres años argumentando un ahorro de hasta 400 millones en indemnizaciones, pero Convergència no se lo puede permitir. Pactar presupuestos con el PP y, a la vez, retrasar la prohibición taurina suena muy españolista. Por eso, quizá, Francesc Homs asegura en un cálculo apresurado que cerrar la Monumental solamente costará unos miles de euros. Ya veremos. Lo que es absurdo es empeñarse en cerrar un coso moribundo donde se lidian 90 toros al año. Y, en plena crisis, pagar por ello.

Rosa Cullell, periodista

El reciente Consejo Europeo sólo ha servido para confirmar que los europeos nos encontramos ante un momento crucial que condicionará, de forma relevante, nuestro futuro. Nos jugamos el ser o el dejar de ser. La crisis del euro sólo puede ser superada si la unión monetaria es también superada por una unión económica y por un fortalecimiento de la unión política. O un paso adelante, frente a quienes defienden políticas económicas nacionalistas, o mil pasos hacia atrás. Sin una Europa unida políticamente, los deseos de una mayor regulación de los mercados financieros internacionales se quedan en buenas palabras. ¡Pero si hasta el director gerente del FMI se permite el lujo de aconsejarnos sobre “la necesidad de hablar con una sola voz! ¿Es necesario llegar al ridículo? ¿Lo hemos alcanzado ya?

 Hay autores cuya obra nos construyó en los ya lejanos años de la juventud a los cuales queremos –y al mismo tiempo, tememos- volver. Iván Turguéniev -Turguénev nos dicen ahora que es más correcto- es uno de los nuestros. Nuestra pasión por las frases entreguionadas nace, precisamente, de la lectura de su correspondencia con Flaubert.

Sobre Turguéniev el maestro Juan Eduardo Zúñiga ha escrito en “Desde los bosques nevados”: “Una mañana clara y fría, con su bastón y bien abrigado fue hasta la plaza de Senado y contempló la estatua del zar Pedro I. Obsesionado midió la dirección de la mano y comprobó que apuntaba hacia dentro del imperio ruso, e Iván Turguéniev se estremeció porque él amaba Europa.” Hoy, las manos de millones de europeos señalan hacia sus ombligos nacionales. Los que amamos Europa o los que, sin llegar a amarla, son conscientes de que es el proyecto en el que nos jugamos nuestro futuro y el de nuestros hijos hemos de dar un paso adelante. La alternativa a los Estados Unidos de Europa es la lenta –y no siempre creativa- decadencia  hacia la irrelevancia.

Photoespaña es una tentación de atracón fotográfico que conviene domeñar. La edición de este año ¡Ya van 14! gira entorno al retrato. Bajo un sol mauritano nos acercamos al Botánico donde se encuentra la exposición “Cara al tiempo”, una reflexión sobre el paso del tiempo a través del retrato: el arma que los humanos hemos inventado para inmovilizarlo y vencerlo.

 Las series, tanto de Esther Ferrer (fotografía que acompaña esta entrada) como de Pere Formiguera, tienen la fuerza que nace del yo más íntimo y de lo que más se nos asemeja. En cambio, la videoinstalación de Péter Forgács “Rembrandt Muta” (una sucesión líquida de sus autoretratos) fascina e inquieta a la vez.

 El retrato, en fin, puede vencer al tiempo o ponerse a su servicio, pero nunca le da la espalda. Tampoco en el escenario político.  En Catalunya, sin ir más lejos, han bastado dos pifias de consideración para retratar al Conseller d’Interior, Felip Puig, como no apto para el desempeño de las responsabilidades que tiene asignadas.

 En Catalunya no ha habido un golpe de estado; lo que ha habido es un golpe a la credibilidad de nuestro autogobierno  perpetrado por una minoría de indeseables violentos a los que se ha sumado la incompetencia chulesca de Puig.

 No tenemos ninguna duda de que alguien que ha demostrado no tener coraje para garantizar el orden público ante una sesión del Parlament de su país, habrá tenido al menos la vergüenza de poner su cargo a disposición de su President. ¿Por qué no ha aceptado Mas su dimisión? Esta es la pregunta relevante.  

 Susan Sontag ha escrito que “el tiempo acaba por elevar todas las fotografías, aun las más torpes, al nivel del arte”. Es una afirmación más que discutible. En el caso del Conseller Puig el tiempo, si eleva sus torpezas a algún nivel, será a la categoría de esperpento.

El portaveu adjunt del grup socialista al Congrés, Daniel Fernández, ha assegurat avui que, amb el seu menysteniment cap al moviment del 15-M que ahir es va manifestar de nou als carrers de Barcelona i d’altres ciutats de Catalunya, “Duran i Lleida demostra que està més preocupat pel seu treball colze a colze amb determinats lobbys, que per la situació i opinions que milers i milers de catalans van expressar ahir de forma pacífica”.

Fernández ha retret l’actitud del líder d’Unió cap al moviment i les seves crítiques als qui pensen que algunes de les propostes s’han de tenir en compte per superar la desafecció cap a la política; “la recepta del senyor Duran ja la coneixem, vetllar per quatre a Madrid enlloc de treballar pel conjunt dels catalans i criticar tot allò que li porti la contrària, com si li molestés l’opinió dels qui no pensen com ell”.

Tanmateix, Fernández ha destacat que “és comprensible que algú que ja era president del Comitè de Govern d’Unió Democràtica de Catalunya quan els socialistes, amb Felipe González al capdavant, vam guanyar les eleccions generals de 1982, entri en estat de pànic davant qualsevol proposta que suposi canvi, novetat, innovació o reformes”.

És per això que Daniel Fernández ha convidat a Duran i Lleida a “ser crític i a escoltar alguns dels missatges que llancen els ciutadans que se senten lluny de la política, com la d’acabar per exemple amb el finançament irregular dels partits com ara el Cas Palau de la Música o posar fi als regals fiscals als més poderosos via eliminació d’impostos”.

Carles Navales, el noi de vidre

EL PAÍS, 19.06.2011

Ha muerto inesperadamente uno de mis mejores amigos catalanes, Carles Navales. Estaba esperando un tren en una estación de la provincia de Girona para acercarse a Barcelona, a fin de participar en un almuerzo de antiguos compañeros de lucha político-social, cuando un infarto de miocardio le fulminó. Me he acostumbrado, forzosamente, a la desaparición de mis camaradas de generación, pero me sublevo contra la de los que son jóvenes, los que tienen la edad de mis hijos, llenos de vida, aún capaces de hacer todavía miles de cosas útiles. Por eso me cuesta encajar esta noticia. Precisamente me hallaba a punto de telefonearle estos días citándole para ya nuestra acostumbrada cita anual en Girona, en la que durante largas horas comentábamos la situación política en Cataluña y en España, que tanto él como yo seguíamos atentamente.

Yo había conocido a Carles personalmente en los primeros tiempos de la Transición, cuando era un cuadro muy activo del PSUC y CC OO. Era todavía muy joven, pero se caracterizaba ya por la ponderación de sus juicios y por la amplitud de sus contactos con los líderes de la plural izquierda catalana. Desde el primer contacto vi en Carles a un hombre profundamente unitario dentro del partido y de la izquierda en general, que tenía una percepción clara de las dificultades que presentaba la construcción de un nuevo Estado, nacionalmente plural y democrático.

Conocía ya su breve pero activo pasado. Había formado parte de su brillante equipo de militantes formado en las luchas sociales del Baix Llobregat. Podría citar los nombres de muchos de ellos que han permanecido fieles a los ideales de su juventud y han mantenido incólumes sus lazos de amistad. No hace mucho compartí con ellos unas jornadas de compañerismo inolvidables en su tierra. Era el equipo de militantes que organizó las huelgas generales que movilizaron a los trabajadores del Baix Llobregat, entonces una vanguardia de la lucha obrera y antifranquista, que contaba ya con unas potentes CC OO y una buena organización del PSUC.

En ese momento, Carles Navales tenía solo 22 años y era delegado sindical. Fue detenido, torturado y condenado por el Tribunal de Orden Público. Sus universidades fueron la fábrica y la cárcel. Lector incansable e inteligente, llegó a lograr una sólida formación cultural y política.

Recordando al noi del sucre, un famoso luchador sindicalista del siglo pasado, sus compañeros, viéndole tan joven y a la vez tan maduro, llegaron a llamarle el noi del vidre, teniendo en cuenta su profesión.

En los últimos años, Carles había conseguido instalarse en la rectoría de una vieja iglesia desactivada en el pueblo de Colomers, desde donde, a través de Internet, mantenía una gran actividad cultural y política. A partir de este tranquilo lugar organizó festivales y actos culturales en Cataluña que tuvieron gran éxito. Desde allí dirigió también una importante revista, La Factoría, en la que tuve el placer de ver publicados algunos de mis trabajos.

En mis entrevistas anuales con Carles pude ir viendo crecer a su hijo Gabriel, hoy con 18 años, a punto de ingresar en la Universidad. A Gabriel le envío hoy, en primer lugar, mi más profundo pésame. Gabriel vive con su madre, pero pasaba temporadas durante las vacaciones con su padre, que también le adoraba. Hoy le animo a seguir siendo un buen estudiante y a hacer frente al infortunio, con el coraje que lo hizo su padre en una situación distinta.

El cariño de que Carles estaba rodeado entre sus camaradas de siempre lo comprobé el día de su fallecimiento. Acosta, López Bulla, Castellana y muchos más tuvieron en vilo mi teléfono, transmitiéndome la infausta noticia. ¡Estoy seguro, Carles, de que seguirás estando vivo en la memoria de tus amigos, la mayoría todavía jóvenes, durante muchos años!

Santiago Carrillo fue secretario general del PCE y es comentarista político.

Asistimos el pasado jueves en el Círculo de Bellas Artes de Madrid a la presentación del libro: “La mirada del otro” de Rafael Jorba. Fue un acto sobrio y cálido a la vez, que contó con Máximo Cajal como elegante e incisivo maestro de ceremonias.

En muchas presentaciones de libros, como en no pocas corridas de toros, lo más interesante acontece antes y después. Esta vez no hubo un después, ya que el AVE nos esperaba, puntual, en Atocha. En ese AVE y en el que ahora escribimos de vuelta a Madrid hemos leído los ensayos hilvanados por la mirada de Rafael Jorba y hemos llegado a una conclusión: ¡Léanlos!

 Léanlos porque están escritos para ser entendidos, se comparta o no su contenido. Léanlos porque la mirada positiva o negativa sobre el pluralismo -y la manera de actuar sobre el mismo- es una de las claves del presente y futuro de nuestra sociedad europea, española, y también catalana. Léanlos porque necesitamos más respeto mutuo y menos tolerancia coloreada de superioridad. Léanlos porque conocer la evolución del debate social y político en nuestra vecina Francia sigue siendo útil para un ibérico, e incluso para un anglosajón. Léanlos porque es necesario distinguir entre laicidad, “como terreno de juego compartido y el laicismo doctrinario cargado de anticlericalismo trasnochado”. Léanlos porque “la espectacularización de la información y el culto a la emoción” no es un problema de los medios de comunicación, sino de nuestra sociedad. Léanlos porque “el catalanismo ha sido y debe seguir siendo más que un nacionalismo.”

Y sobre todo, léanlos, porque la civilización es una creación humana tan hermosa como frágil. Y hoy, tal y como defiende Jorba: “Ser civilizado significa ser capaz de reconocer plenamente la humanidad de los otros, aunque tengan rostros y hábitos distintos a los nuestros; saber ponerse en su lugar y mirarnos a nosotros mismos como desde fuera.”

La segunda muerte de Jorge Semprún

EL PAÍS, 8.06.2011

Aunque frecuente contador de historias relacionadas con su etapa de clandestinidad comunista en el Madrid de los cincuenta y su expulsión -junto a Fernando Claudín- de la dirección del Partido Comunista a mediados de los sesenta, Jorge Semprún rara vez rememoraba ante los amigos su estancia en el campo de Buchenwald. Los motivos que le obligaron a elegir durante muchos años para seguir viviendo la renuncia a la recreación literaria de su estancia como interno 44.904 del lager próximo a Weimar eran probablemente los mismos que protegían en la vida cotidiana la intimidad de esos recuerdos, transfigurados mas tarde en una obra lúcida, veraz y conmovedora.

Por esa razón me resultó desconcertante escuchar la respuesta de Semprún, designado ministro de Cultura por Felipe González en julio de 1988, a una pregunta más bien trivial que le hice en su despacho oficial acerca de su reciente nombramiento, dirigida a rememorar medio serio medio en broma el contraste los tiempos de la clandestinidad y los actuales. No podría entecomillar sus palabras pero sí recuerdo el argumento de su soliloquio sobre la sensación, nunca desvanecida desde su salida de Buchenwald, pero todavía más presente en esos días, de tener la muerte a sus espaldas como permanente compañía. El dramatismo de fondo de Semprún no estaba reñido con el sentido del humor ni con el gusto por las bromas del que era un genial cultivador Domingo Dominguín, el mejor amigo imaginable en su estancia madrileña. En cambio, resultaba incompatible con la insoportable concepción de la política como instrumento para el enriquecimiento personal, la satisfacción de la vanidad o el medro social, propios de la transformación en simple profesión de la vocación pública.

Semprún nunca llegó a recibir en España el reconocimiento que hubiera sido exigible en términos políticos y literarios. Si el origen dolorido y las metas transformadoras de una pasión política forjada en la lucha contra el fascismo internacional y contra el franquismo le hicieron un extraño en un planeta de técnicos secularizados en ingeniería social, la extraterritorialidad de su condición ciudadana -a caballo entre España y Francia- tampoco permite su encaje en el esterotipo admirado exigido por los aduladores de la caspa carpetovetónica. Vivió en París desde la primera juventud hasta la muerte y se hizo universalmente famoso con una obra escrita en francés; sin embargo, nunca renunció a la ciudadanía española, ni siquiera cuando se lo exigieron para ingresar en la Academia francesa. El prólogo de Jorge Semprún al documentado libro de Evelyn Mesquida sobre La Nueve (Ediciones B, 2008), esto es, la compañía de la División Leclerc formada por antiguos combatientes republicanos que entró en París a la cabeza de las fuerzas aliadas no sólo reivindica el papel desempeñado durante la Segunda Guerra Mundial por decenas de miles de españoles que combatieron al nazismo en la resistencia y como guerrilleros sino que además ve en su lucha antifascista “uno de los primeros elementos de la actual comunidad europea”

Jorge Semprún solía citar la frase de Scott Fitgerald según la cual la señal de una inteligencia de primer orden es la capacidad de tener dos ideas opuestas al mismo tiempo y, a pesar de ello, ser capaz de seguir funcionando. En su caso las contradicciones atravesaron su existencia diacrónicamente pero también de forma sincrónica para potenciar su creatividad. Nacido en el seno de una familia de la alta burguesía (su abuelo materno, Antonio Maura, fue ennoblecido por Alfonso XIII) que se comprometió con la Segunda República, hijo del embajador en La Haya durante la guerra, estudiante refugiado en París desde 1939, joven maquisard bajo la ocupación nazi, torturado por la Gestapo e internado en el campo de Buchenwald, militante del PCE desde la liberación, miembro del Comité Central desde 1954 y del Buró político desde 1956, expulsado oficialmente del partido en 1965, ministro de Cultura de Felipe González en la monarquía parlamentaria… La reflexión teórica, la vocación literaria y la militancia política se disputaron a lo largo de su vida la pugna por constituirse en su seña de identidad principal, sin lograr ninguna de ellas desplazar nunca enteramente a las demás. A partir de los treinta años, las relaciones entre el revolucionario y el escritor adoptaron la compleja estructura que articula a un autor con sus homónimos: aunque en ese juego de espejos Federico Sánchez fue durante su etapa de clandestinidad comunista una proyección de Jorge Semprún, muchos compañeros de la militancia comunista siguieron considerando años después a Jorge Semprún como una invención de Federico Sánchez.

En Adiós, luz de veranos (Tusquets, 1998), Jorge Semprún lanzó un emocionante mensaje que aclara en la medida de lo posible la cuestión de su identidad . Después de mencionar el cementerio de Biriatou, que sirvió de referencia a un bellísimo poema del Unamuno exiliado por la dictadura de Primo de Rivera titulado Orhoitz Gutaz (Acordaros de nosotros), Semprún evoca el pequeño pueblo fronterizo sobre el Bidasoa, como “patria posible de los apátridas” y como lugar para perpetuar su ausencia. Estoy convencido -afirma- de que la monarquía parlamentaria, vistas las circunstacias históricas, es hoy día el mejor sistema posible para garantizar la democracia, “la mejor forma de desarrollo de la res pública”. Sin embargo, concluye Federico Sánchez, esa convicción es compatible con el deseo de ser enterrado en el pequeño cementerio de Biriatou “con mi cuerpo envuelto en la bandera tricolor -rojo, gualda, morado- de la República” que simbolizaría “la fidelidad al exilio” y a su dolor.

Valors forts en temps durs

EL PERIÓDICO, 6.06.2011
Les properes setmanes es formalitzarà la convocatòria del 12è Congrés del PSC. El moment no és gens fàcil, raó per la qual, cal filar molt prim a l’hora de prendre decisions per superar l’actual situació i sortir-ne enfortits com a partit i com a projecte.
Estan pendents de nosaltres milers de catalans i catalanes que, malgrat la mar de fons que ens afecta, ens han fet confiança en les darreres eleccions municipals. També ho estan aquells que no ens han votat, però participen dels nostres valors i poden fer-ho en el futur. Els hi devem als milers de candidats i candidates que s’han esforçat al màxim en elaborar projectes inspirats en els nostres valors per a pobles i ciutats i, en molts casos, no han obtingut el suport majoritari per factors aliens a la seva bona feina.
Però molt especialment ho hem de fer bé perquè s’ho mereixen els afiliats al PSC. Uns afiliats que han demostrat històricament el seu compromís i la seva dedicació al projecte socialista; que ara tenen el sentiment amarg de la derrota, però que mantenen la força i la energia necessària per a formular propostes i fer debats. Ells i elles són la tripulació amb la que hem d’iniciar una nova singladura. No els podem decebre.
Per tant, hem de començar per discriminar clarament els aspectes substancials dels accessoris o instrumentals que cal abordar, i centrar el nostre debat en els primers, adoptant pels segons les resolucions adients.
Seria un gravíssim error establir només el focus del debat congressual en dos aspectes mediàticament llaminers: l’elecció de nous lideratges i el tema de “grup parlamentari propi, sí; grup parlamentari propi, no”. Desaprofitaríem una magnífica oportunitat per oferir a la societat un partit renovat, que disposa d’un nou projecte polític i que adopta una nova manera d’entendre l’activitat política.
Com a qüestió prèvia, considero bàsic generar el màxim consens sobre els elements constitutius del nostre projecte polític i les apostes estratègiques que el fonamenten. Si mantenim dubtes o discrepàncies sobre aquests assumptes, difícilment aconseguirem complicitats, confiança i suport majoritari dels ciutadans i ciutadanes del nostre país.
Hem definit el PSC com un partit socialista, catalanista i federalista, que aposta clarament per la unitat i cohesió del poble de Catalunya. Tradicionalment hem disposat d’un ancoratge institucional al món local, que ha servit per palesar la nostra visió de la política i la seva capacitat de transformació, des de la proximitat. Les darreres eleccions no modifiquen de forma determinant aquest plantejament, que continua essent un dels nostres actius. També hem fet evident la nostra vocació europeista i internacionalista.
Dit això, reafirmo l‘aposta catalanista, que ens porta a formular una proposta per Catalunya endins i una altra per l’Espanya que volem federal i de la que ens sentim part. No crec que l’opció més adequada sigui virar a posicions confederals que poden tenir una deriva independentista. Si la resposta és la primera, la nostra presència a les Corts Generals ha de respondre a una fórmula federal.
Pel que fa a la visió de la política, si l’entenem com l’art de gestionar l’espai públic que compartim, podem cercar espais comuns on refer solidaritats i reciprocitats. Aquesta visió ens permet construir un projecte compartit, amb visió estratègica. A l’altre extrem tenim una visió de la política que només respon a la “mercadotècnia”, eminentment tacticista, i que es limita a administrar les pors de la societat, especialment en aquests moments de crisi. Hem d’apostar també per una visió de la política que la situï de forma evident per damunt del dictat dels “mercats”; que permeti oferir un futur millor als sectors més perjudicats per les polítiques neoliberals.
Pel que fa al partit, cal que ens dotem d’un instrument més àgil i permeable, que treballi en xarxa, que ofereixi més atractius a la militància i li doni més veu i vot. Que esdevingui un instrument de participació política del segle XXI, amb una nova manera d’entendre la política, coherent amb els seus postulats.
En definitiva, disposar d’un projecte clar i compartit motivarà l’organització per escollir els lideratges més sòlids, amb més autoritat que potestat, per tirar endavant les polítiques fixades pel congrés.
Finalment, un aspecte essencial pel projecte són els valors en que es fonamenta i que impregnen les propostes polítiques que es formulen. La meva aposta és pels valors del pacte republicà, que conformen drets i deures de ciutadania, font els valors simbòlics i identitaris. Valors forts en temps durs. Crec que són els valors coherents amb els plantejaments que proposo.
Aquests són alguns dels reptes congressuals. Per tancar amb èxit la tasca que tenim al davant, cal que marquem el nostre temps polític.
Molta gent ens mira i espera que encertem. Els nostres militants, els simpatitzants, els nostres votants i una bona part de la societat catalana. No els podem decebre.
 
Joan Rangel, Secretari de Política Institucional del PSC

Las acampadas que han proliferado en numerosas plazas de nuestro país durante estas semanas tienen, a nuestro juicio, un sentido profundamente positivo: miles de ciudadanos han salido a la calle pacíficamente para decir que, ante un presente que no les gusta y frente a la resignación o al individualismo acomodaticio, apuestan por el compromiso público y colectivo.

Debemos escucharles con atención, ya que reflejan un malestar real de una parte relevante de nuestra sociedad. Debemos, además, dialogar desde un respeto mutuo en el que no caben superioridades morales en una u otra dirección. Tan respetable es la actitud del joven que, por primera vez, se ha acercado a la Puerta del Sol o a la Plaza Catalunya para mostrar su indignación, como la responsabilidad de un dirigente sindical que defiende los intereses de los trabajadores en una empresa o lo trayectoria de un concejal comprometido con su ciudad.

A los responsables políticos, en cambio, sí que debe exigirnos un plus de profesionalidad. La que no ha tenido, por desgracia, el Conseller d’Interior, Felip Puig, al diseñar y ordenar una operación policial en la Plaza Catalunya de Barcelona que ya está siendo estudiada en varias universidades como ejemplo de decisión errónea, injustificada y contraproducente en el terreno de la seguridad pública. ¡Al Gobierno de los milloneuristas de Artur Mas sólo le faltaba que también Felip Puig acabara contagiado por el amateurismo del resto de sus miembros!

Pero no nos dejemos atrapar por el corto plazo. Las acampadas nos han cogido releyendo a Albert Camus. ¿Cuál hubiera sido su actitud? Intuimos que una simpatía crítica. Tal vez se acercaría a sus protagonistas con estas palabras: “Ya no podemos apoyarnos en modelos del pasado ni refugiarnos en proyectos de futuro. Estamos obligados a llevar una vida vertical, con una lucidez constante y casi inhumana respecto a un destino que se juega a cada segundo.”




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