“Barcelona sin palacios es una ciudad. Madrid sin palacios sería un pueblo” Esta afirmación es de Víctor Balaguer, uno de los grandes políticos liberales catalanes de la segunda mitad del siglo XIX. (¡Qué injusta es la memoria catalana y española con la decisiva aportación económica, política y cultural del liberalismo catalán decimonónico!)  Víctor Balaguer –defensor de una monarquía federativa- opinaba con conocimiento de causa: varias veces ministro, vivió en Madrid durante largas etapas de su vida. Con tan sólo 20 años puso por primera vez sus pies en la villa y Corte después de un viaje de corte romántico que le llevó a dormir durante las primeras noches al raso en la Plaza de Oriente. Afortunadamente, eran noches del mes de junio…

Evidentemente, esta afirmación sobre el Madrid de 1845 no se sostiene en el Madrid del 2011. Hoy Madrid es una metrópoli europea con vocación americana con o sin palacios. Y sin embargo, su centro mantiene un aroma popular que se nos sigue antojando  característico.

A medida que nos acercamos al día de Navidad, la lotería se apodera de sus calles y plazas. Y en esta efímera monarquía del azar, la reina indiscutible es Doña Manolita. Y no sólo por las kilométricas colas que se forman en su nuevo local de la Calle del Carmen, sino por las improvisadas paradas callejeras que revenden sus décimos: todas ellas convenientemente pertrechadas con una imagen de una venerable Doña Manolita de cabellos blancos que le confiere un aura entre beata y santa

Doña Manolita comenzó su actividad en 1904 en la calle San Bernardo. Sus fundadoras fueron Manuela de Pablo ([]conocida popularmente como Doña Manolita, que dio nombre al negocio) y sus tres hermanas. ¿Cómo nació su conocida y reconocida “buena mano”? Ella misma nos lo explicó en una entrevista: “Pues escuche usted ahora el verdadero secreto de mi buena mano. El año 1926, harta de que no correspondiese jamás a esta administración un premio que valiese la pena, hice cuatro viajes a Zaragoza, y en los cuatro tuve la suerte de ver a la Pilarica con su manto rojo, que es signo infalible de fortuna. Pedí unos números que se me ocurrieron sin saber por qué, los vendí en mi casa y el premio gordo de Navidad fue conmigo aquel año, siendo éste el comienzo de mi fama como lotera.”

Víctor Balaguer no pudo ser cliente de Doña Manolita. Falleció en un Madrid que empezaba a dejar de ser pueblo el 14 de enero de 1901.

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